Pablo Cuvi

La lengua roja del Che

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Ernesto Guevara de la Serna debió dar tres brincos en su tumba al advertir que sobre su mitológica imagen en blanco y negro los jóvenes cubanos habían impreso la lengua roja, voluptuosa, burlona, burguesa y decadente de Mick Jagger, diseñada por un muchacho llamado John Pasche. Y se la habían puesto a él, que había marchado al sacrificio en Bolivia hacía medio siglo con la idea de crear dos, tres Vietnam y derrotar al imperio en escala planetaria.

Para colmo de males, ahora resultaba que ese pueblo cubano donde debió proliferar el hombre nuevo, dogmático, impoluto e implacable contra el capitalismo, recibía con una ola de entusiasmo y esperanza ni más ni menos que al Presidente de Estados Unidos. Solo faltaba que alguna modista de la aristocracia europea, alguien como Coco Chanel, viniera a desfilar por las vetustas calles de La Habana, listas para recuperar su esplendor colonial. ¿Qué carajo estaba pasando?

Buena pregunta, comandante. Hay cientos de artículos y ensayos que explican lo que está pasando. Y se cuentan por miles los que vienen analizando desde hace años por qué fracasó el modelo socialista que impusiera con verbo imparable el líder supremo, persiguiendo y encarcelando desde el principio a roqueros, homosexuales, disidentes, poetas que se atrevían a decir esta boca es mía, como Heberto Padilla, o a cualquiera que se lanzara a pensar por su cuenta.

Porque para el delirio de la revolución mundial lo que se necesitaba eran millones de creyentes incondicionales, esa generación de crédulos profesionales que describe con amargura y desencanto Padura en ‘El hombre que amaba a los perros’. Y ahora, ni mil conciertos de rock ni una apertura controlada por los mismos van a devolver la juventud perdida a esa gente que lo aguantó todo en nombre de un sistema dinástico e ineficiente que nunca asumió sus culpas.

Pero usted, comandante, para convertirse en mito, además de la pinta y el coraje tuvo el acierto de morirse joven, justo en la cresta de la ola revolucionaria y con un viacrucis que encajó perfecto en nuestra cultura católica. Se marchó antes de que el estalinismo soviético cuadriculara a la mayor de las Antillas; antes de que Fidel negociara con la dictadura de Videla votos y apoyos internacionales; antes de que los populismos escandalosos de Venezuela y su Argentina usaran su foto y su leyenda para vender a los pobres un discurso de izquierda mientras los jerarcas del chavismo y los Kirchner llenaban sus cajas fuertes.

Pero miremos hacia adelante: esa lengua deslenguada que han impreso sobre su retrato significa que ha llegado la hora de devolver la voz al pueblo cubano. Usted vivió su vida de principio a fin y se ganó su puesto en la Historia, ¿pero quién recordará a ese fantasma de otra era, Raúl Castro, tieso junto a un Obama encantador?

Ok, le acepto, encantador de serpientes, pero de serpientes actuales. Son las vueltas que da la vida, comandante.