José Ayala Lasso

La crítica

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
23 de July de 2011 00:02

La formulación de críticas a la acción de un Gobierno es una elemental expresión de la libertad de opinar, derecho innato de toda persona, es un producto histórico surgido del proceso de emancipación de la sociedad, que se ha fortalecido junto con la “ilustración”. La crítica, positiva o negativa, constructiva o destructiva, es en todo caso el recurso del ciudadano frente al poder. Entenderla como un abuso de la libertad o un intento desestabilizador es tan absurdo como pretender reglamentarla o dirigirla, atendiendo a las conveniencias pasajeras del poder. Los gobernantes que han ascendido al nivel de estadistas dan la bienvenida a la crítica, hasta pueden sentirse injustamente heridos por ella, pero la analizan para ver cuánto de razón o sinrazón contiene, la valoran y la usan para ratificar o modificar su conducta. No se dejan halagar en exceso por el elogio y, sobre todo, no menosprecian las opiniones contrarias. Si la filosofía ha catalogado a la crítica como el camino que lleva a la verdad (piénsese en Descartes, Hegel o Kant, por ejemplo) no cabe que el hombre de estado la trate como una perversión de la democracia.

Muchos tienden a pensar que quien critica es opuesto al Gobierno, lo que puede ser una falacia. La crítica honesta se refiere a determinados aspectos de la acción pública. Un Gobierno sensato responde a sus críticos desarmando razonadamente las premisas sobre las que se fundan. Los insensatos buscan destruir al crítico y para ello tratan de descalificarlo recordando sus errores y aún sus pecados. Para tales, la mejor respuesta es la destrucción de la personalidad del que disiente. Si un partidario de ayer ha encontrado razones para estar en desacuerdo con el Gobierno, no se analizan esas razones. Ha disentido, luego es culpable. El apelativo de ‘compañero’ se cambia por el de ‘traidor’.

Una crítica debe ser valorada en lo que representa. Si va dirigida, por ejemplo, contra la inexistencia de una política exterior o contra errores específicos en tal campo, no implica el desconocimiento de obras positivas en carreteras, salud o educación. No hay Gobierno totalmente malo o equivocado. Lo que ocurre es que ciertas características, creadas por su propia manera de ser, son tan perniciosas que sus sombras ocultan las luces que pudieran existir en otros aspectos de su trabajo.

No es correcto desconocer las buenas obras de un Gobierno, pero es inmoral que un Gobierno, para defenderse, descalifique a sus críticos y atente contra su honor y sus derechos. Este último es el espíritu que campea en los monólogos de los sábados, en los que se enseñan las técnicas del insulto y de la ofensa, las ventajas de la ironía, el poder del sarcasmo, la facilidad con la que una sonrisa cínica acompañada de alabanzas al oyente puede ganar adeptos cuyo entusiasmo puede durar hasta que se consuma el último centavo del bono mensual que reciben.