Manuel Terán

Crisis y deporte

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17 de July de 2013 00:05

El problema no es local ni arrastra solamente a una disciplina. Una nota del diario "El País" da cuenta que equipos, atletas y clubes luchan por sobrevivir ante la escasez de patrocinios, ayudas y, por supuesto, la mala gestión. En España la deuda acumulada por los clubes de fútbol de primera y segunda categorías alcanzaría los 4 000 millones de euros.

Espeluznante. En otros países la situación también es crítica. En Argentina, salvo dos clubes no de los más populares que mantienen sus cuentas relativamente en orden, los demás acumulan déficits por lo que se hicieron de la vista gorda cuando el Gobierno asumió el canal de fútbol porque les permitió inyectar liquidez.

En Brasil existen algunos que van por la misma vía. Uno de ellos, descendido, tiene dificultades por pagar a un equipo ecuatoriano por la venta de un jugador. Al parecer el fenómeno es una constante de la que no se pueden escapar los clubes locales, que en vez de llenar las páginas deportivas con noticias de sus desempeños brindan elementos para saber si están o no en disponibilidad de disputar sus próximos partidos por no cancelar deudas.

Resulta inconcebible que un campeonato de 12 equipos tenga como protagonistas a clubes que acumulan déficits, no pagan a sus jugadores, deban al ente recaudador de impuestos y no se adopten medidas que eviten un cisma.

Los primeros afectados deben ser los directivos. Como toda empresa, si alguien invirtió y el negocio no caminó de manera adecuada el resultado debe afectar a los inversionistas. Si personas allegadas al fútbol asumiendo la dirigencia de los clubes vivieron encandilados por los flashes y luces del protagonismo, deberán resignarse a enviar a pérdida el dinero inyectado, pues existen créditos más urgentes por cancelar: salarios impagos y los tributos.

Pedir ayuda estatal resulta patético. Si alguien piensa que se debiera disponer amnistía tributaria a f los impagos, los primeros perjudicados serían los futbolistas que cumplieron las normas. Ellos, como cualquier nacional o extranjero residente, debieron tributar y si se expidiese una norma que condone esas deudas correspondería prever que se devuelva a quienes sí pagaron, para evitar diferencias odiosas.

Pero si así fuese ¿por qué un futbolista debería estar exento de pagar impuestos a diferencia de otros profesionales? ¿Dónde quedaría el principio tributario de la generalidad? El espectáculo no puede considerarse a salvo si la afición no respalda a sus clubes. Los dirigentes con mentalidad moderna han construido presupuestos autofinanciados; y, si han visto que las cifras no cuadran, no incrementan los gastos con aspiraciones de ingresos irrealizables.

Sólo con el retorno de los hinchas a los estadios y la mejora del espectáculo se pueden conseguir respaldos publicitarios que hagan posible sustentar el mundo deportivo. El resto es postergar lo inevitable.