Enrique Echeverría

Crisis en el fútbol

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Son hechos notorios que deben provocar preocupación en dirigentes, jugadores y ciudadanos en general: un día aparece un joven contratado para Europa, descartado por dopaje; luego, que han estado practicando el crimen de trata de personas para facilitar el ingreso de jóvenes de escasa economía en el “mercado” del fútbol. Este delito es sancionado con prisión de trece a dieciséis años.

En general, se advierte insuficiente rendimiento en la cancha. Para quienes observamos, por TV, jornadas de fútbol europeo, pensamos que en nuestro medio algunos futbolistas no tienen convicción de “equipo”; practican juego individual y buscan ser el “goleador”, pues un buen record como tal abre puertas para jugar en el extranjero con magníficos ingresos. En la cancha misma, se observa dureza innecesaria de algunos jugadores que lesionan a los adversarios, causándoles imposibilidad temporal. Los lesionados son numerosos, cual si el fútbol fuese un juego para destruir personas, antes que para ofrecer buen fútbol a los asistentes.

Los deportistas deben advertir que si no brindan espectáculo, si el juego es de baja calidad, menos “hinchas” irán a los estadios y, por ello, menores ingresos habrá por las entradas. Puede suceder que quienes aportan pagando propaganda de sus negocios, retiren la colaboración; y que el ingreso por derechos de TV se reduzcan.

¿Con qué dinero se contará para pagar sueldos, premios y la actividad de los clubes? ¿No estamos padeciendo el descenso del querido Deportivo Quito por asunto económico? Además, paros de futbolistas y de árbitros.

No es nada grato para el asistente al estadio observar que, como resultado del juego duro, algunos que han sufrido golpe menor, al caer realizan exageradas demostraciones. ¿Si la caída es en la zona del penal, acaso se pretende engañar al árbitro para que decrete la pena máxima? La tarjeta roja no cubre los casos de daño intencional al jugador que sufre lesión. El Fiscal asistente, si advierte que hubo premeditación para dañar al jugador contrario, aparte de la tarjeta roja que aplica el árbitro, podría iniciar investigación por infracción penal de lesión.

Admito mi simpatía con Liga Deportiva Universitaria, sin llegar a la categoría de “hincha”, por haber pasado por nuestra querida Universidad Central. Admito que puedo incurrir en equivocación, pero pienso que lo que se ve no requiere de gran preparación en el arte futbolístico, ni conocimientos científicos.

No vaya a suceder, como antaño, que publiquen títulos como aquel del incisivo periodista Fernando Guevara Silva: Ayer jugaron los malos con los peores. Y la sentencia de uno de los grandes del periodismo deportivo, Alfonso Laso Bermeo, cuando un jugador falló escandalosamente un penal: Este no es capaz de meterle un gol ni al arco iris.