Pablo Cuvi

Crímenes políticos

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¿Qué dirían ustedes si les cuento que un crimen que sucedió hace 50 años exactos en la ciudad de Los Ángeles nos afecta ahora más que nunca? ¿Pensarían que me refiero a algún personaje del mundo del cine? Pues no, se trata de Robert Kennedy, asesinado en plena campaña electoral la noche del 5 de junio del hermoso y terrible año de 1968 que tanto celebramos. Casualidad o no, los disparos de un lobo solitario allanaron el camino de Nixon a la Casa Blanca al quitarle de en medio al segundo de los Kennedy.

Años después un asesor de Nixon confesaría que fue en esa campaña cuando diseñaron la política contra las drogas con el fin de estigmatizar y perseguir a los dos grupos más activos contra el establishment y la guerra de Vietnam: a los hippies con la marihuana y a los afroamericanos con la cocaína y lo demás. Tres años después Nixon lanzó oficialmente ‘la guerra contra las drogas’ cuyos espantosos resultados solo agravaron el problema. Tanto así que el Ecuador acaba de embarcarse con todo en esa guerra interminable que se libra en diversos frentes y no puede ser ganada pues donde cae un Guacho surgen tres.

Quizás sea hilar muy fino remontar su origen hasta el asesinato de Kennedy, pero muchos hippies y afroamericanos lo apoyaban de modo que él no habría tenido ninguna razón de perseguirlos. Pero la política es muy vulnerable y suele girar bruscamente debido a hechos imprevisibles y casi fortuitos que son aprovechados por los adversarios.

Segundo ejemplo: en noviembre de 1979, al inicio de la revolución islamista de los ayatolas, una turba de estudiantes secuestró a 52 funcionarios de la embajada de EE.UU. en Teherán. Esta situación inesperada vino a marcar la campaña electoral que también arrancaba en EE.UU. y en la que el presidente Carter, que había sido todo lo demócrata que puede ser un presidente norteamericano, buscaría la reelección frente a una actor de películas de vaqueros de segunda categoría.

Seis diplomáticos que lograron refugiarse en la embajada de Canadá fueron rescatados con la estratagema que mostró la película Argo. Pero el operativo militar para liberar a los otros 52 rehenes fue un rotundo fracaso y una vergüenza para el Ejército y para el presidente Carter. Además, según El Tiempo, miembros del equipo de Reagan se reunieron luego con los iraníes para pedirles que no liberaran a los rehenes hasta después de las elecciones a cambio de entregarles armas… ¡vía Israel!, lo que en efecto sucedió apenas el cow-boy accedió a la Casa Blanca.

Así de chueca es la política. Luego, Reagan aprobó la guerra solapada contra la revolución nicaragüense, y, para financiarla, el teniente coronel Oliver North vendió ilegalmente más armas a Irán. Hoy, North ha sido nombrado presidente de la National Rifle Association, cuya ideología comparte Trump.

pcuvi@elcomercio.org