Óscar Vela Descalzo

Crímenes de ficción

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Un hombre está sentado cómodamente en su sillón de terciopelo verde. Frente a él hay una ventana que da al parque de los robles.
A su espalda, la puerta del estudio se encuentra cerrada. El hombre lee los últimos capítulos de una novela. Los protagonistas, una mujer y su amante, llegan a la cabaña que ha sido testigo de sus amores recientes, pero en esas páginas que ahora lee no habrá más pasiones que las que broten de sus labios en forma de palabras, y las que provoque en el amante la hoja del puñal entibiándose contra su pecho. Él avanza en la lectura sin percatarse de que acaba de ingresar al estudio, de modo silencioso, el protagonista de la novela con el puñal en su mano…

Una escena similar se repitió años más tarde en otra obra. Esta vez la víctima se apellidaba Chazarreta, era millonario y viudo, y en las primeras páginas de ‘Betibú’, la exitosa novela de Claudia Piñeiro, yacía muerto en su sillón preferido (de terciopelo verde), con una botella de whisky a su lado y un cuchillo ensangrentado en su mano. Las circunstancias del hecho no son casuales, pues la autora quiso hacer un homenaje literario a Julio Cortázar y a su cuento ‘Continuidad de los parques’ tomando como puntos de partida ciertos elementos de aquel fabuloso relato. Sin embargo, la conclusión preliminar del lector en ambos casos será distinta: Cortázar recrea lo que sería el crimen real de un personaje de ficción, mientras que Piñeiro narra un aparente suicidio.

El escritor Franciso Proaño, en su última novela, ‘Desde el silencio’, utiliza también el recurso del “suicidio evidente” del fiscal Federico Altamirano, para anudar una historia policiaca en la que se deben descubrir las causas reales de su muerte. En esta obra también el hecho de sangre se produce en el estudio de la víctima, no en un sillón verde sino delante de su escritorio, tampoco con un cuchillo sino con un disparo en la cabeza, y como las investigaciones lo descubrirán más adelante, el lugar oculta un secreto pasadizo que bien podría revelar la verdad de los hechos.

Por otra parte, en una historia actual, el fiscal Alberto Nisman apareció muerto en el baño de su apartamento de Buenos Aires con un tiro en la sien. Al día siguiente debía presentar las pruebas de la denuncia formulada contra la Presidenta de la nación por un posible encubrimiento de los responsables del atentado terrorista de 1994 contra la Asociación Mutual Israelita Argentina.

La diferencia entre las obras literarias mencionadas y el caso Nisman está en la autoría, pues aunque se trate de pura ficción, los buenos escritores convencen al lector por la veracidad de los hechos narrados, en cambio en el caso Nisman, a pesar del “suicidio evidente” (según las primeras versiones oficiales), los antecedentes del hecho, su ejecución, su montaje y sus distintas voces narrativas han sido tan burdas, contradictorias y descuidadas que a sus autores les espera una larga condena… En el mundo de la ficción, obviamente.

ovela@elcomercio.org