3 de June de 2010 00:00

Crimen y democracia

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Diego Cevallos Rojas

En México, la delincuencia dobla las manos al Estado y la sangre corre sin fin a la vista. Allí se teme a la Policía y la corrupción e impunidad son el pan de cada día. La vida democrática que, por principio, es refractaria a la violencia, está en juego en ese país. Así de grave. En Chile, en cambio, hay un Estado que pone a raya a los malosos y la Policía tiene elevada credibilidad. Son las dos caras de un continente con los más altos índices de criminalidad en el mundo.

¿Por qué un país puede lidiar con el problema y otro no? Hay muchos factores que gatillan o frenan la delincuencia: niveles de pobreza, desigualdad y violencia doméstica, desarrollo institucional, tipo de justicia, formación policial, cultura de la legalidad, posición geográfica y hasta el estilo de gestión del presidente. Todos se entrecruzan, las soluciones son varias y toman tiempo. Lo que apuntan algunos estudios es que donde hay bajo analfabetismo y mayor ingreso per cápita y esperanza de vida, la delincuencia es menor. Chile es un ejemplo.

Las soluciones rápidas no existen. La mano dura o la pena de muerte, por la que algunos abogan, no resuelven nada. Hay evidencia sobre ello. Como dicen estudios de la ONU, no se requiere ni mano dura ni mano blanda, sino mano inteligente.

Se podría empezar con algo. Ayudaría que los gobiernos alienten un clima de diálogo y solución de conflictos. Si el estilo de gobernar de un presidente es intolerante, si desde el máximo liderazgo se despotrica e insulta, como sucede en Ecuador, se deteriora la convivencia. Vea también el caso de Venezuela, hoy uno de los países con los más altos índices de criminalidad del planeta.

Ecuador, según una percepción que comienza a generalizarse, no está lejos de entrar en un estadio de graves problemas de inseguridad, si es que ya no entró. Está más cerca de México y Venezuela que de Chile.

México tiene una cultura potente y vibra por todo lado, pero está contaminada de corrupción e ilegalidad. El reciente secuestro del político Diego Fernández de Cevallos, dobló las manos al Estado. El Gobierno renunció a perseguir a los responsables luego que los delincuentes amenazaron con matar al plagiado.

Que suceda algo similar en Chile es casi imposible. Aquí la cultura de legalidad es alta y los índices de delincuencia son los más bajos de la región. El presidente o la ex presidenta, tienen diferencias y grandes, pero no se insultan o amenazan. Por el contrario, han departido con amabilidad.

Si la democracia es una forma de gobierno para procesar las diferencias en cierta armonía, entonces la violencia es uno de sus peores venenos. Harían bien algunos presidentes en bajarle al verbo belicoso, por lo menos.

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