Pablo Cuvi

Crimen de izquierda

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20 de October de 2012 00:01

Ojalá fuera solo un título para llamar la atención. Pero no; Ese es el tema central de ‘El hombre que amaba a los perros’, el novelón de Leonardo Padura, cubano que vive en Cuba, quien aborda con solvencia histórica y un eficaz (y adjetivado) lenguaje narrativo el asesinato de León Trotsky, consumado en su casa-fortaleza de México, en 1940, por un agente de Stalin: Ramón Mercader.

¡José Stalin! El nombre ya no dice mucho a las nuevas generaciones, porque tuvo la suerte de que Hitler le robara el papel del malo de la película, literalmente de los miles de películas que se han hecho sobre el Holocausto. Pero el estalinismo fue un sistema político igualmente perverso, aunque más duradero y dañino que el mismo nazismo, por una razón que atraviesa la obra de Padura; a saber: porque pervirtió la utopía de la Revolución rusa llevada a cabo por una generación de revolucionarios brillantes, encabezados por Lenin y Trotsky. Y persiguió, torturó y exterminó en el Gulag a millones de seres humanos, al tiempo que instalaba el miedo absoluto y corrompía el alma a millones de soviéticos y de comunistas del ancho mundo. Todo eso en nombre de la izquierda y la revolución; de un mundo mejor, solidario y más justo.

Tremendo desafío el de Padura, meterse bajo la piel de los protagonistas de una historia de odio, pavor, fanatismo, mentiras y manipulación. Entender y recrear la personalidad, no tanto de Trotsky -un héroe visible, gran escritor que dejó muchos testimonios y documentos, cuya tragedia era mucho más conocida-, cuanto del antihéroe total, Mercader, comunista catalán cuya madre novelada lo embarca en el plan de eliminar a Trotsky, a quien la propaganda rusa presenta como un traidor que conspira contra la Unión Soviética y es el enemigo número uno del proletariado.

El tercer personaje, Iván, el narrador, es más fácil y cercano al mundo de Padura. Se trata de un escritor fracasado, un cubano derrotado existencialmente que critica con amargura el sistema cultural y político de la Cuba de los años 70 a los 90, sin nombrar jamás a nadie, refiriéndose solo a “ellos”. Y termina siendo visto como símbolo de “una generación de crédulos por obligación”.

Hay aquí muchas víctimas, casi ninguna inocente. En su hora de gloria, Trotsky fue responsable del terror rojo. A la inversa, el victimario Mercader es también una víctima de su ideología, del odio encarnizado de la guerra civil española y la maquinaria estalinista que lo destruye psicológicamente.

Escritor de novelas policíacas, Padura estructura muy bien la historia y maneja magistralmente el suspenso, el ritmo y la tensión de un drama que avanza a un atentado que ansiamos que suceda de una vez. Luego afloja un poco y se dedica a amarrar los cabos sueltos para entregarnos una novela histórica de extraña actualidad.