7 de July de 2010 00:00

Crece el sicariato

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Sebastián Mantilla Baca

El Ecuador dejó de ser una ‘isla de paz’. La elevación de los índices de inseguridad, pese a que el actual gobierno sostenga lo contrario, es una realidad.

Según datos de la Policía Judicial, las provincias del Ecuador que en el 2009 registraron el mayor número de crímenes premeditados fueron Guayas (735), Esmeraldas (246), Santo Domingo de los Tsáchilas (122) y Los Ríos (100).

Y aunque para la Policía más del 50 % de estas muertes estuvieron relacionadas con ajustes de cuentas, Fernando Carrión -profesor de Flacso y especialista en temas de seguridad- se inclina a pensar que cerca del 12% de los homicidios que se producen en el país son resultado del sicariato. Es decir, cerca de 450 ejecuciones fueron realizadas por sicarios.

Cuando uno le pregunta acerca de las causas del incremento de la inseguridad y particularmente del sicariato en el Ecuador la respuesta no es tan fácil y evidente. Hay factores de carácter externo e interno que intervienen de manera simultánea.

Se aprecia, a nivel externo, un repunte en la región del crimen internacional desde inicios de los 90. Así como la globalización ha facilitado flujos de información y ha agilitado las operaciones de comercio, el crimen organizado se ha transnacionalizado. Las nefastas secuelas del terrorismo, el lavado, el narcotráfico, la trata de personas y el secuestro han expandido áreas de influencia.

A nivel interno, hay varios factores que han favorecido para que actividad criminal como el sicariato se esté afianzando. Entre ellos, mencionaría: primero, instituciones políticas débiles y parcial vigencia del Estado de derecho; segundo, bajos niveles de desarrollo; tercero, altos réditos económicos que dejan las actividades criminales.

Creo, sin temor a equivocarme, que el primer factor mencionado antes es muy decidor de lo que pasa en nuestro país. No existe hasta el momento -pese a que tenemos una proliferación de ministerios relacionados con la seguridad- una política, estrategias, planes y programas coherentes que tiendan a combatir el crimen organizado. En lugar de ello, hay una agenda de seguridad poco consistente y disposiciones migratorias que facilitan la entrada al Ecuador de cualquier persona.

Las leyes que actualmente tenemos no castigan de manera ejemplar el sicariato. A esto se añade la crisis que actualmente atraviesa el sistema de justicia en nuestro país. Apenas el 3 % de los detenidos por sicariato está en prisión.

Si antes las instituciones del Estado no se transforman, organizan, trabajan coordinadamente y dan a la seguridad la importancia que merece, las cosas seguirán igual. Estamos siguiendo los pasos de México, país en el cual el narcotráfico y el sicariato se han vuelto inmanejables.

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