Susana Cordero de Espinosa

Cosas muy simples

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15 de February de 2014 00:02

Aunque el significado de oráculo, es "contestación que las pitonisas y sacerdotes gentiles pronunciaban como dada por los dioses a las consultas que ante sus ídolos se hacían", también es oráculo el templo en el cual se representaba a esos dioses. El oráculo de Delfos tenía inscrita una frase que muchos antiguos 'sabios' asumieron como el principio de la filosofía: 'gnôthi seautón' en griego; en español, 'conócete a ti mismo'.

Se atribuye a Pitágoras la creación de la palabra filosofía: al no aceptar que se le llamara sabio, asumió para sí una condición menos arrogante: la de afanoso de saber. Las antiguas raíces philos y sophos se unieron y desde entonces 'filosofía' define la actitud del ser humano pensante sobre la Tierra: modesta, dubitativa, interrogante; nunca definitiva ni absoluta: libre, abierta. Sin respuesta definitiva, hasta el fin.

Bella la comparación pitagórica también, de la vida humana con los juegos píticos, apolíneos, donde algunos aspiran a obtener la gloria y la corona gracias a la destreza de sus cuerpos; otros asisten a ellos atraídos por el lucro, el deseo de comprar y vender; finalmente, entre todos se halla una clase de hombres que acuden a los juegos para ver y comprender lo que en ellos se vive; libres de la sujeción que impele a aspirar al lucro o a la gloria, solo quieren aprender, preguntarse, saber… Existimos ¿asistimos? los seres humanos a este juego del vivir: unos, inclinados a buscar la gloria, el poder equívoco; otros, el dinero; otros, afanosos de entender, de considerar 'la naturaleza de las cosas' y buscar, como Aristóteles 'las últimas causas de lo que es'… Clasificación difícil de sostener hoy, cuando se mezclan entre sí voluntades tan opuestas como la búsqueda de gloria, el afán de consumo, la voluntad de saber. Cuando el dinero concede, a menudo, la ilusión de bastar… 'Conócete a ti mismo'… Sócrates, el maestro cuyas enseñanzas se transmiten en los antiguos diálogos platónicos, considera que la ignorancia es el mal, y el único bien posible, el ansia de 'examinarlo todo', el deseo de saber. Platón elige el diálogo para transmitir la filosofía de su maestro Sócrates, elección no ajena a aquel principio que siglos más tarde, proclamaría Hölderlin: 'a existir se empieza desde el diálogo'.

Viejo principio de lo humano, el reconocimiento de que 'todo ha de ser examinado', pero qué difícil aceptar nuestros límites; qué desafío evocar nuestra vulnerabilidad, nuestra condición mortal. Qué cómodo olvidar, a la búsqueda de la gloria, del poder o la riqueza, que el elemento central del conocer es la duda; que solo ella incita a la búsqueda, solo ella pregunta; que toda nueva certeza es el inicio de dudas nuevas y que el saber es, precisamente, vivir en ininterrumpida interrogación.