Jorge Ribadeneira

Las cosas de nuestro país

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El discurso del presidente Lenín Moreno al asumir el poder, allá por el 24 de mayo último, no tuvo nada de correísta -como alguien esperaba- y pensándolo bien fue leninista-morenista. Fue, pues, un antecedente de lo que iba a suceder más pronto que tarde.

Lenín Moreno había dicho a sus amigos y asesores que si llega a ganar la Presidencia del Ecuador, como esperaba, no quería ser un títere o un muñeco, como se perfilaba. Él sabía los motivos que le hacían pensar así.

Además, bien vale recordar que los chismosos contaron que el Gran Jefe Rafael quiso presentar como candidato a la presidencia a su gran amigo -ministro y vicepresidente- Jorge Glas, pero las encuestas previas no respaldaron ese anhelo.

Ese fue, se comenta, uno de los motivos por los cuales el discurso chueco del 24 de mayo provino de Lenín Moreno y, según algunos comentaristas, entre ellos Cristóbal Roldán en el programa ‘Regresando con Andrés Carrión’, tuvo conceptos poco gratos para el Presidente cesante.

Pero resulta que el Gran Jefe Rafico, ese 24 de mayo estaba muy cansado, enfermo de agotamiento, y prefirió ir por unos días al Hospital Andrade Marín.

El presidente Moreno se instaló en Carondelet y cada día fue más leninista y menos correísta, pese a que la mayoría de su personal era hincha de Correa.

Así las cosas, fue perfilándose y consagrándose un hecho histórico y un poco histérico.

Nada menos que la bronca Correa-Moreno y luego Moreno-Correa con discrepancias sobre el volumen de la deuda, si la mesa estaba o no servida, entre otras cosas, y más cuando Moreno dialogó con sus amigos, comenzando por los militares, siguiendo por los periodistas, sin olvidarse de los policías y de todos los que se interesaban por los temas del momento.

En estos días fue quedando en claro por qué Moreno fue leninista y no correísta desde el primer día. Quería aumentar su popularidad para cuando llegue la hora de la consulta.

Una consulta que debía realizarse a más tardar en la segunda quincena de noviembre o la primera de diciembre.

Los temas soñados eran dos según Lenín: todo lo relacionado con el Consejo de Participación Ciudadana y el final de la reelección indefinida. Objetivos muy difíciles pero suficientes como para cambiar un país.

Se trata de una aspiración que implica obvias y evidentes dificultades.

En algún momento se ha pensado en una Asamblea Constituyente, pero existen experiencias que descartan la conveniencia en el momento actual.

Tampoco la consulta es sencilla pero es lo más aconsejado y viable.

Moreno tiene el apoyo de su popularidad pero afronta problemas económicos y de los otros que le obligaron a dedicarse a esos temas desde los primeros días y seguramente a pensar todos los días en una consulta, con todo lo que significa.

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