Mauricio Pozo Crespo

Corrupción y economía

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Se vive en el país un agotamiento ciudadano esperando que se conozca y sancione a los responsables de la corrupción. La gente a veces mira con distancia estos acontecimientos, pues estima que son “arreglos” entre burócratas y empresas privadas, pero a la vez está ávida de conocer sus partícipes y las acciones de la ley.

No es verdad que la corrupción no nos afecta a los ciudadanos ni tampoco es solo un problema entre algún burócrata corrupto y un empresario deshonesto. La corrupción además de ser un problema lamentablemente ya institucionalizado en el país, está directamente correlacionado con la economía. Hay un trabajo de investigación realizado por Augusto López Claros del Banco Mundial en noviembre 2013 y otro por la Secretaría de Transparencia Internacional publicado en enero 25 del 2017 en los que se demuestra que el tamaño del Estado y el populismo están directamente vinculados con el nivel de corrupción. A mayor participación del Estado en la economía y más gasto público derivado de políticas populistas, la cantidad de dinero involucrado promueve y alimenta actos de corrupción. El gobierno anterior no solo que ubicó a personas inadecuadas en cargos importantes de decisión, sino que sembró los incentivos a que la corrupción crezca de la manera que lo hizo.

Impulsó las contrataciones con empresas privadas bajo el paraguas de los decretos de emergencia, eliminó instancias de transparencia como son las bolsas de valores en las negociaciones de papeles de la deuda pública, sobre todo deuda interna, y, en especial, duplicó el peso del gasto público frente al PIB del 20% que fue el promedio entre el año 2000 y el 2006 al 40% que fue el promedio en la década 2007 - 2017.

La concentración de poderes también abonó para que la corrupción se expandiera, pues sin entidades de control independientes como debió ser siempre la Fiscalía y la Contraloría, probablemente habría existido un freno. A kilómetros apesta la corrupción a través de múltiples canales de llegada: Petroecuador, la obra pública, los proyectos del famoso cambio de la matriz productiva, la compra de bienes y servicios que realiza el Estado, la forma en que se contrató la deuda pública.

Ahora sucede que los defensores de esa década perdida se vuelven expertos en petróleo y refinación como si su presencia en la refinería de Esmeraldas, vaya a demostrar algo. La repotenciación fue un atraco y todos debemos apoyar a que se esclarezca ese y todos los actos de corrupción.

Estamos en una suerte de punto de inflexión, o absolutamente todos colaboramos a que se transparente lo actuado por el gobierno anterior y se sancione a los responsables, o nos volvemos cómplices y encubridores convirtiéndonos en una vergüenza para la historia nacional y para la comunidad internacional.

La corrupción, la desunión nacional y el espantoso manejo de la economía serán parte de los legados de la década perdida.