Pedro Maldonado

Corrupción, despilfarro y negocios

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La indignación no termina. Cada nueva denuncia sobre supuestos actos de corrupción o cada nueva revelación que hacen las autoridades sobre el manejo de fondos públicos en el anterior gobierno solo genera mayor estupor, rabia e indignación entre los honestos.

El ejemplo más reciente está en la Refinería Esmeraldas, en la que se invirtieron USD 2 200 millones para repotenciarla en los últimos años, pero que, según reconocieron las principales autoridades, no sirvió para mucho, ya que “la situación es crítica”. Esto sin contar con el anuncio de que se necesitan USD 400 millones para reparar los daños detectados en la planta.

Otro caso de despilfarro de recursos públicos es lo que pasa con la Refinería del Pacífico. En ese ‘elefante blanco’ se han invertido hasta la fecha USD 1 528 millones, pero el proyecto aún no arranca. A esto se suma el anuncio del Ejecutivo de continuar con la construcción, siempre y cuando haya inversionistas interesados.

Solo lo invertido en estas dos obras suma más de USD 3 700 millones, una cifra que para la mayoría de ciudadanos ecuatorianos resulta inimaginable y que al parecer ha sido bastante mal utilizada.

En medio de esta situación, en la que las palabras corrupción y despilfarro se repiten, el gobierno mantiene una agenda de acercamiento con los gremios productivos que plantean una serie de ideas para reactivar la economía nacional.

En estos encuentros los empresarios, de distintos sectores, coinciden en varios pedidos: reducción del ISD, eliminación de anticipo al Impuesto a la Renta, flexibilización laboral, entre otros. Todos estos temas son vitales para dinamizar al sector productivo.

Lo triste es que estos diálogos público-privados serán infructuosos si la sombra de la corrupción y el despilfarro sigue extendiéndose y manchando la imagen que tiene el país. Ciudadanos, empresarios e inversionistas están atentos a las acciones del Gobierno para, al menos, frenar la corrupción.