9 de January de 2011 00:00

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Jorge Gallardo

Se van a cumplir 11 años de la dolarización. Algunos análisis se han realizado sobre los resultados. La mayoría resaltan la estabilidad de precios como uno de los mayores logros. No podía ser de otra manera, ya que las últimas dos décadas del siglo pasado estuvieron caracterizadas por la inestabilidad. Se acaba de publicar el índice de inflación para el cierre del año, y se lo proyecta en 3,3% anual. Antes del dólar, tener una inflación mensual en ese nivel era un logro. El errado diseño de la resolución de la crisis bancaria ocasionó la pérdida de soberanía monetaria. Finalmente, ante la caótica situación económica se decretó oficialmente la defunción del sucre y su remplazo por el dólar. Sin embargo, en estos 11 años, algunos desequilibrios macroeconómicos se han hecho presentes y necesitan atención urgente para lograr la estabilidad económica y monetaria. Las cuentas externas registran profundos desequilibrios. Hasta octubre, la balanza comercial no petrolera registró un déficit de USD 6 144,4 millones, el más alto desde el inicio de la dolarización; más del 10% del PIB. Los rubros más altos de compras al exterior lo constituyen las materias primas y bienes de capital. Esto pone en evidencia lo frágil de la matriz productiva que necesita ser replanteada. Esta situación la enfrenta el nuevo Código de la Producción, promoviendo la producción de bienes con alto valor agregado. Los bienes de consumo representan el 21,8% de las importaciones, por lo cual continuar gravándolas con mayores aranceles no es la solución. La importación de combustibles representó el 18,8% de las importaciones. Se debe continuar con el proyecto para ampliar la capacidad de refinamiento de petróleo para frenar el drenaje de divisas. Además, no se puede dejar de considerar que desde el 2005 hasta la fecha el Estado ha gastado USD 7941,5 millones en subsidiar la comercialización interna de combustibles. Este tema no solamente tiene implicaciones económicas, sino dimensiones sociales y políticas que hay que considerar como ha quedado demostrado en el caso de Bolivia. De ahí, que la reducción de los subsidios es un tema complicado que debería ser debidamente explicado a la sociedad. Finalmente, para sostener el sistema monetario se requiere mantener una situación fiscal y de endeudamiento público sostenible en el mediano plazo. Dado que en dolarización la política fiscal cobra relevancia como instrumento de política económica, se deben mantener las cuentas públicas en orden para no generar desequilibrios. La viabilidad del modelo productivo y la sostenibilidad del sistema monetario dependerán de los equilibrios macroeconómicos básicos y de los mecanismos para enfrentar las crisis.

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