Bernardo Acosta

¿Correa, el único candidato?

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17 de April de 2012 00:01

Que Correa sea el único candidato a la presidencia en las elecciones del próximo año parecería una escena del infierno. Sin embargo, Santiago Roldós lanzó esa idea en su columna de Vistazo y Fernando Balseca e Iván Sandoval se hicieron eco de ella en sus espacios de opinión de El Universo. La propuesta tiene lo suyo, pero en la práctica sería contraproducente.

Ante la altísima probabilidad de que el Presidente venza a cualquier rival electoral, Roldós plantea que la oposición no presente un candidato, con lo cual podría lograr dos resultados concretos. Primero, Correa tendría que competir contra él mismo y si no obtuviera el 40% de los votos en la primera vuelta, tendría que ir –él solito– a la segunda vuelta, con todo lo que ello significaría. Segundo, los mejores cuadros de la oposición –como no se lanzarían a la presidencia– irían a la Asamblea, centro del debate democrático.

Más motivos podrían respaldar la iniciativa. Uno: dada la imposibilidad de descalificar y aniquilar a un contrincante, el candidato presidente estaría obligado a hablar de los temas que le importan a la población. Algo tan sencillo como eso tendría un valor inmenso en un país donde la coyuntura nos consume y nadie sabe a ciencia cierta hacia dónde va el Gobierno. Dos: si el Presidente estuviera seguro de su reelección, derrocharía menos recursos públicos en su campaña personal. Tres: nadie tendría que sacrificarse para que Correa ratifique –a costa de esa persona– que él es el mejor puñete de la política nacional. Cuatro: habría un ambiente no necesariamente pacífico, pero sí menos caótico y conflictivo. Así, todos –incluido el Gobierno– nos concentraríamos más en nuestro trabajo y desperdiciaríamos menos recursos en la tarima y en la especulación. Cinco: las reformas al Código de la Democracia se aplicarían, en la elección presidencial, únicamente a su autor.

A pesar de estos y otros argumentos que pudieran favorecer la propuesta de marras, la eliminación deliberada de la competencia electoral sería un acto cómplice con la consolidación de un régimen antidemocrático. Correa, reelecto, despreciando a su manera la legitimidad de la oposición para cuestionarle, después de que ni siquiera presentara un candidato a la presidencia, sería lo de menos. El abstencionismo, a diferencia de lo que Roldós sostiene, causaría un debilitamiento de la Asamblea, puesto que el Presidente arrastraría sus candidatos al Legislativo. El resultado sería similar a lo que ocurrió en Venezuela en 2005, cuando la oposición no participó en las elecciones parlamentarias: el Ejecutivo, con el control del Legislativo, aprobaría sus leyes a placer, mientras los ciudadanos le perderían el respeto y la fe a una oposición que los abandonó.

La pregunta no es si debería haber otro candidato, sino cómo presentar uno fuerte.