Milton Luna

Estado Corleone

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“Montesinos ha señalado en reiteradas oportunidades que el propio presidente Fujimori ordenó mediante un decreto que se filmase todo acto público o privado gubernamental…, pero lo cierto es que más allá del deseo presidencial, pareciera propio de una camarilla delincuencial que registraba sus actos…” Esto señala el autor peruano Iván Rodríguez Alegre, en su libro “Vladimiro Montesinos y el poder político en el mandato de Alberto Fujimori”.

Rodríguez continúa: “Todas las actividades en el interior del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) las empezó a grabar: conversaciones con ministros, la entrega de dólares con que sobornaba a algunos dueños de canales de televisión, las manías del hijo menor de Presidente, la intimidad sexual de militares y políticos de oposición…” De esta manera, con coimas, chantaje, extorsión y miedo, el siniestro Montesinos envileció y corrompió al Estado y a la sociedad peruana, a políticos, empresarios y periodistas, con la finalidad de acrecentar y perpetuar en el poder al jefe de la mafia, Alberto Fujimori, hoy encarcelado, hundido y enfermo, penando por corrupto y por su mañoso ejercicio en el poder.

En Ecuador, cuentan que suelta de lengua una asambleísta, en un despliegue de cinismo, ingenuidad o tontería, en la idea de naturalizar el espionaje y de minimizar la denuncia del Presidente sobre presuntas filmaciones no consentidas en el despacho presidencial, señaló que tal procedimiento era normal en todos los ministerios.

Tal comentario permite especular. Si un asambleísta, que se encuentra en lugares no estelares del poder, sabe que se filmaba en los despachos ministeriales, por lógica, se puede inferir, que todos los mandos medios y altos del partido sabían que el poder filmaba sus reuniones, grababa sus conversaciones o husmeaba en sus computadores. Y que, seguramente, tal mecanismo de control, podría convertirse algún momento en instrumento en manos del poder para exigir fidelidad extrema, sujeción o silencio, si algo no santo era capturado por las cámaras del “gran hermano”. “Si no obedeces o te sales de la jorga… marchas”. ¿Relaciones dignas de la familia Corleone?

Otra especulación: Si me graban, ¿por qué yo no hago lo mismo? La grabación generalizada como mecanismo de defensa y ataque. Siendo así, en tal conglomerado, todos se saben las costuras de todos y se tienen pruebas. Tensa paz. Roto el equilibrio por alguna disputa, viene la guerra: miles de grabaciones saldrían a la luz. Eso pasó en el Perú.

El poder construido con base en el chantaje y al miedo, se esfuma dolorosamente. El de Fujimori y Montesinos, es un gran espejo, para aprender sobre el delirio de poder, sus métodos y consecuencias en el Estado, en la sociedad y en ellos mismos, que al final acabaron tras las rejas.

mluna@elcomercio.org