31 de May de 2010 00:00

Contracorriente

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Benjamín Rosales Valenzuela

Hace 15 días se reunieron en Madrid gobernantes de 60 países de la Unión Europea, América Latina y el Caribe. En el marco de esa cita internacional, se suscribieron tratados de comercio y desarrollo entre la UE y Perú, Colombia y seis países centroamericanos, que les permitirá a nuestros vecinos aumentar sus exportaciones a Europa y recibir más inversiones del Viejo Continente.

Paradójicamente, al iniciar la cumbre, el Canciller ecuatoriano declaró que nuestro país jamás firmará un tratado de libre comercio como el que la UE estaba por firmar con ocho naciones americanas. Una posición que pone en grave riesgo el futuro de las exportaciones ecuatorianas puesto que Europa es el primer o segundo importador de bananos, flores, camarón, cacao, brócoli, aceites y atún. Colombia, Perú y Centroamérica, gracias a los tratados suscritos con la UE, podrán exportarlos con ventajas comerciales con respecto a nuestro país.

Es posible que las declaraciones del canciller, respaldadas por el presidente Correa, sean parte de la demagogia populista que nuestros gobernantes utilizan para el consumo nacional, y que lo que pretenden es negociar tratados comerciales con otros nombres, pero las desatinadas afirmaciones ya han tenido negativas repercusiones en nuestra perspectiva económica. Difícilmente van a realizarse nuevas inversiones, nacionales o peor extranjeras, en Ecuador para producir lo que otros podrán exportar con ventajas. Los inversionistas que quieran aprovechar los afluyentes mercados europeos irán a países que tengan tratados con la UE.

Es posible también, que el idealista Canciller Patiño pretenda que Europa acepte conceptos como la libre inmigración, para que Ecuador llegue a acuerdos comerciales y económicos como los que han firmado nuestros vecinos americanos. Eso es utópico y muy improbable, más aún ahora que muchos europeos sienten que pierden puestos de trabajo ante nuevos inmigrantes. Si esos son los conceptos que Ricardo Patiño quiere introducir en el tratado, y el Presidente lo apoya, no habrá acuerdo comercial con Europa y nuestra economía sufrirá terribles consecuencias, a largo, mediano y muy corto plazos.

Es realmente insólito que, mientras cientos de miles de ecuatorianos buscan desesperadamente trabajo, el Gobierno asuma posiciones dogmáticas demagógicas que perjudican el desarrollo de actividades productivas generadoras de empleo, bienestar y progreso para nuestros ciudadanos. Si la decisión del Gobierno es marchar contra la corriente globalizadora del mundo, el daño que se hará al país será mayor que el del peor desastre natural que nos haya ocurrido. Sabremos quienes serían los culpables.

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