28 de May de 2010 00:00

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Abelardo Pachano

Esta palabrita durante mucho tiempo estuvo vinculada a la medicina. El propio Diccionario de la Lengua Española la define con propiedad como el fenómeno de transmisión mediata o inmediata de una enfermedad. Ahora su uso ha llegado a la economía. Se habla incluso del virus financiero y hay una nueva especialidad, que vincula a las dos ciencias, conocida como la neuroeconomía. Sabemos, o por lo menos creemos entender cómo funciona un virus en el estado de salud de las personas, pero nos cuesta mucho comprender este fenómeno en la economía.

Vamos a intentar explicarlo usando como laboratorio la situación actual de la Unión Europea. ¿Por qué el déficit fiscal griego puso en apuros a los mercados financieros, en dónde se encuentran sus vínculos y de qué manera la situación complicó a los otros países? Algunos dirigentes políticos no entendieron lo que pasaba y el tiempo consumido en la comprensión de los procesos económicos escaló la dimensión de los problemas.

La banca europea es la mayor tenedora de deuda soberana de varios países de la UE. Tienen papeles griegos, italianos, españoles, portugueses, franceses. De pronto, algunos vencimientos griegos están a la vista y por su volumen son incompatibles con las disponibilidades fiscales. Aparece el temor al no pago, sube el riesgo y el valor de esos activos cae. Se evidencia el vínculo fiscal con el financiero. La reacción natural es protegerse. Hay que salir de ellos.

Con la venta se reduce el portafolio y las tenencias de los bonos de otros países se vuelve mayor al porcentaje máximo de riesgo aceptable. Nace ahora la necesidad de vender los bonos de otro país y, obviamente, se escoge al que menos vale o sobre el cual hay mayor preocupación y menor calificación. Asoma el contagio.

A la final, los sistemas financieros, para cuidar los recursos de sus depositantes que miran también con recelo las inversiones hechas y sienten la inseguridad, no tienen más remedio que salir de los activos menos buenos. Se generaliza esta actitud entre los inversionistas y depositantes, el proceso se exacerba, la oferta de estos bonos en el mercado aumenta y de esta forma el precio de las deudas que no tienen una valoración buena se cae de forma sostenida. Se amplió el radio del problema.

Si esto no se para a tiempo con acciones de respaldo público, la crisis se puede llevar al propio sistema financiero y ahí los daños son mayores. El virus de la desconfianza habría cumplido su tarea. El miedo hace mella. El antivirus es restablecer la confianza y romper este círculo, natural y lógico de protección de los recursos de los nacionales de cada país, con operaciones que demuestren el compromiso de los gobiernos de atender a tiempo sus obligaciones.

Corrección fiscal.

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