19 de January de 2011 00:00

Consulta, ¿para qué?

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Carlos Larreátegui

Nada luce tan cercano al ideal democrático como una consulta popular. Sin representantes ni intermediarios, los ciudadanos deciden por sí mismos cuestiones políticas y sociales. Muchos hablan de la voz del pueblo como la voz de Dios (vox pópuli, vox Dei) para describir su inapelable carácter. La ausencia de ciertas condiciones, sin embargo, pueden hacer que esta ‘vox pópuli’ se transforme en ‘vox diavoli’ (Sartori).

El modelo del socialismo del siglo XXI pasa por reemplazar la democracia representativa y el Estado de Derecho por una democracia directa en donde los votos y las encuestas prevalecen sobre el ordenamiento jurídico y otorgan legitimidad a los actos y decisiones del Caudillo. Los eventos electorales (consultas, elecciones, etc.) son mecanismos necesarios para movilizar a la población, reeditar la ilusión del cambio y, sobre todo, legitimar al ‘Líder’. No hay duda de que la decisión de convocar a consulta se inscribe en esta lógica, aunque de paso sirva para dar un zarpazo a la Función Judicial y obtener el control final del aparato estatal.

Para que una consulta popular sea realmente democrática es necesario que exista una “opinión del público”, es decir, una opinión autónoma y libre de manipulaciones. Bajo las actuales circunstancias, ¿es posible que los ecuatorianos formemos libremente nuestra opinión? La apatía general, la escasa cultura política y la tendencia a leer menos y mirar más la televisión, conceden al Estado y a sus grandes aparatos de propaganda una ventaja enorme en los procesos electorales. Estos y otros factores dificultan, sino imposibilitan, la formación de una opinión ciudadana independiente en este proceso.

El Gobierno arranca su campaña electoral con ventajas enormes. Su prerrogativa para redactar preguntas tendenciosas (nadie podría estar en contra de mejorar la seguridad ciudadana, evitar los conflictos de interés, combatir la corrupción o superar la crisis de la Función Judicial), su chequera abierta para promover el sí, su control directo o indirecto de varios medios de comunicación y la ausencia de opositores organizados, son factores altamente auspiciosos. Creo, empero, que nada está dicho; el respaldo al Presidente en las encuestas no garantiza un pronunciamiento favorable para su consulta. De partida, existen numerosos grupos sociales como los policías y militares, los maestros, los indígenas y muchos servidores públicos, con todas sus familias, que votarán, por definición, en contra de la propuesta. Adicionalmente, hechos recientes podrían haber alterado las ecuaciones políticas que favorecieron al Régimen en el pasado.

Al final, la consulta se convertirá en un claro plebiscito a favor o en contra del Presidente; muy, pero muy pocos, votarán por las cuestiones de fondo. Nos esperan, eso sí, algunas sorpresas.

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