Rubén Darío Buitrón

El consenso de Joffre

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18 de June de 2011 00:03

Si algún discurso público tuvo sentido en los últimos días fue el de Joffre Vélez Zambrano, un adolescente guayaquileño con fuertes ancestros manabitas.

El pasado miércoles, Joffre pidió audiencia a los asambleístas de la comisión encargada de redactar el proyecto de ley de Comunicación.

Vestido con colores brillantes y ataviado con un sombrero de paja toquilla, se presentó ante los legisladores como presidente del Consejo Consultivo de Niños, Niñas y Adolescentes del Ecuador.

Joffre miró el entorno sin inmutarse, observó que los asambleístas se aprestaban a escucharlo con atención y les habló a nombre de millones de pequeños y jóvenes ecuatorianos.

“Olvídense que son políticos -les dijo-. Olvídense que forman parte de algún partido político y construyan una ley que nos beneficie a todos los ciudadanos”.

Alguien lo aplaudió. Otros se sumaron con cierta timidez al aplauso. Los políticos pusieron más atención a las conminaciones de Joffre.

Desenvuelto y buen orador -como lo describe el cronista Byron Rodríguez-, el muchacho de 15 años increpó a los medios y a los comunicadores que conciben espacios con contenidos sexistas, violentos o discriminatorios.

Llamó la atención a los padres de familia que han convertido a la televisión en la niñera de la casa.

Exigió que los canales de televisión, en especial, especificaran con mucho cuidado las edades del público al que van dirigidos los programas.

“Una ley que cuide a los niños y jóvenes -insistió Joffre-. Unos medios que den prioridad a los temas educativos y de entretenimiento”.

En una sociedad abierta, donde primaran el diálogo, la tolerancia y la búsqueda de consensos, a nadie asombraría el sentido común de Joffre Vélez.

Pero en el Ecuador, en especial sus políticos, sus teóricos, sus líderes y sus gobernantes no priorizan la posibilidad de un acuerdo.

Quienes tienen el poder -cualquier poder- lo usan para consolidarse y reafirmar sus dominios y territorios con base en el descrédito, la venganza, la poca predisposición de escuchar.

Incapaces de mirar la vida desde los zapatos del otro, se apropian de los medios no para edificar democracia sino para destruir cualquier vestigio de deliberación o contrapropuesta.

Y desde lo más profundo de aquella incapacidad, unos y otros apelan al discurso violento, a la discriminación, a la ofensa, a la burla, al irrespeto, a la agresión.

¿Cómo se sentirán los millones de jóvenes y niños ecuatorianos si mañana los políticos a los que alude Joffre Vélez no son capaces de lograr un acuerdo?

¿Cuán frustradas se sentirán las próximas generaciones si un veto radical terminara con la ilusión de que el país cuente con una ley democrática y plural donde todos cumplamos nuestro deber y construyamos un país tolerante?