Benjamín Fernández

La confrontación como recurso

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1 de June de 2011 00:02

Para algunos gobiernos latinoamericanos no existe un recurso más eficaz para no hacer lo que se debe hacer en función de gobierno que identificar primero y confrontar después a los "enemigos" del discurso que no es lo mismo que la acción. La estrategia lleva su buen tiempo en vigencia y ha mostrado que resulta útil para impedir trasladar la abundancia de recursos del petróleo, banano, soja o carne hacia los sectores débiles y marginados que, afirma el discurso oficial, es la esencia de ese gobierno. Se lleva perdido una buena cantidad de tiempo tratando de encontrar enemigos donde sea posible, someterlo a plebiscito que aunque se gane por estrecho margen es suficiente para el propósito real que conlleva: evitar resolver las cuestiones reales de la gente.

¿De qué libertad pueden hablar estos gobiernos que continúan sumiendo a una porción importante de la población en la pobreza o el analfabetismo? Lo que diga la prensa es absolutamente secundario para gente que sobrevive (¿) con un dólar diario. Esa gente quiere gobiernos inclusivos, tolerantes, armónicos, eficaces, inteligentes y por sobre todo sensibles. Esa gente no lee su realidad diaria en los medios, es suficiente con padecerla en carne propia. Funcionarios que no reduzcan a la acción de gobernar a confrontar y, que por el contrario realicen políticas de largo alcance para atacar las bases estructurales de la pobreza y la marginación de millones. ¿Cuando países como Venezuela volverán a vender petróleo a los precios actuales? Y, cuando se presentará de nuevo ocasión tan magnífica de construir independencia, autonomía y libertad para sus pueblos con el ingreso abundante de recursos que si fueran trasladados de manera eficaz, no corrupta a ese pueblo con el que se llenan la boca, otra hubiera sido la realidad.

Requerimos en tiempos de abundancia sensatez y es eso lo que no abunda en varios de estos gobiernos populistas que todo lo reducen a la maniquea visión: confrontar y evadir resolver las cuestiones de la gente. Cuando se escriba la historia de estos periodos democráticos en América Latina, un capítulo central estará dedicado a la inútil e inocua tarea en la que se empeñaron gobiernos que al no trasladar políticas eficaces a la gente, terminaron consolidando el mismo círculo vicioso del sometimiento, la marginación y la humillación.

Es necesario abandonar la exclusión y promover acciones desde el sector público y privado que tengan como objetivo real no retórico la marginalidad de muchos pobres que lo siguen siendo más por no aprovechar los buenos momentos que por abundancia de plebiscitos o referendums.

La confrontación es tan vieja como la incapacidad de los gobernantes de no hacer lo que de verdad la gente quiere que se haga: políticas a su servicio, no al revés.