Roque Morán Latorre

Confesiones del no nacido

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Columnista invitado

Un trascendente personaje enfatizó, en abril 5 de 1981: “si es lícito quitar la vida a un ser humano, cuando es el más débil, totalmente dependiente de la madre, entonces se asesina no solo a un ser inocente sino también a las conciencias mismas”. Explicación oportuna e imperativa del vil estado en que se encuentran los valores humanos.

En la colección de grandes entrevistas de la historia que, cada semana, nos trae este diario, seguro, no encontraremos lo del epígrafe; sin embargo, la biología elemental y el sentido común, nos sugieren expresar, en algo, aquel grito silencioso de los no nacidos, ese clamor angustioso, desesperado, de aquellos seres inocentes que por millones, ¡muchos más! del holocausto judío, esa voz de los inmolados bajo una “legalidad” encubierta en la cínica custodia de los mal llamados “derechos” y más artificios embusteros.

¿Qué nos confiesa aquella personita, el más indefenso de los seres, cuya vida fue cercenada por el aborto de manera sanguinaria e inhumana? “Soy persona, soy un ser humano, desde el mismísimo momento de mi concepción. Mi vida se inició con la unión del óvulo y el espermatozoide, en el tercio externo de las trompas de Falopio de mi madre.
La dignidad humana que se me dio, el día de la fecundación, me fue única, universal e irrenunciable; tenía la esperanza de que me iba a acompañar en todas las etapas de mi vida; pensé, en aquel mismo instante -¡tonto de mí, cuán equivocado estuve!- que mi existencia siempre sería respetada y considerada como la fuente originaria del más importante de los principios: ¡el derecho a la vida!”.

“Habiendo sido un ser al que se me descuartizó en el vientre de mi madre, y al que jamás se me consultó si quise que mi vida fuera eliminada, permítanme citar, al menos, a 4 científicos, cuyas investigaciones afirman que fui un ser humano, claro, en gestación, pero con mi ingeniería genética completita: 1.- Jack Langam; 2.- William J. Larsen; 3.- Yukinori Okadaen; 4.- Janetti Signorelli”.

“Si alguien aceptó y decidió arrancarme, sin piedad, el don de mi vida, díganme, por favor, ¿lograrán defender el derecho a la vida en todas las demás situaciones? ¿Lograrán frenar la degradación de las conciencias?

Entonces ¿estarán también de acuerdo con toda acción que, con cualquier “razonamiento”, mutile la existencia a otros seres inocentes?”
“Revisen una entrevista en EL COMERCIO del 21 de agosto de 1994 (pág. A-20), bajo el título “La vida, misterio y don”, donde se escribió con letras negrillas e inclinadas: “No ha existido otra época con tal capacidad para hacer bien a la vida en la que, sin embargo, se han cometido tantas atrocidades contra ella”.

“Si mis despojos no se los hubiera arrojado al tacho de basura, me habría gustado que esa frase fuera esculpida en la lápida de mi pequeñita tumba”.