Fernando Larenas

La condecoración al doctor Fierro

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Siempre he opinado que la historia de la humanidad está repleta de buenos ejemplos, de ciudadanos valiosos en todas las ramas de la ciencia y de las artes. Para eso no se necesita ganar elecciones, la inteligencia se puede comprobar en una investigación o en un libro bien escrito.

En la hoja de vida del doctor Rodrigo Fierro Benítez, condecorado la semana pasada por el presidente Rafael Correa con la Orden Nacional al Mérito en el Grado de Gran Cruz, consta que fue ministro de Salud del presidente Jaime Roldós (1979-1981).

Roldós conocía los estudios e investigaciones que el científico había realizado hasta entonces. Méritos le sobraban para dirigir la salud pública, pero el también catedrático y escritor nacido hace 85 años en Ambato felizmente abandonó rápido la política para continuar con lo que mejor sabe hacer: enseñar, escribir, formar discípulos que también investiguen, e inculcar lo que los sociólogos definen como conciencia social.

Qué bueno para el país que el doctor Fierro se haya despedido rápido de la política, lo cual no quiere decir que se desentendió de opinar, de criticar con argumentos, a veces fuertes contra todos los gobiernos, incluso con el actual, tal como reconoció Correa en el discurso de condecoración. Pero a diferencia de muchos, siempre con altura, con decencia (en algún momento de la historia republicana se perdió la decencia en materia política).

Acostumbrado a decir las cosas tal como las piensa, el condecorado agradeció el gesto presidencial de otorgarle, al tercer intento, la máxima condecoración, ya que el decreto fue emitido en enero de este año y la medalla la recibió casi ocho meses después. Por suerte el reconocimiento fue “en vida”, manifestó el homenajeado. El Presidente lamentó que la entrega se haya postergado y no soslayó ninguno de los méritos científicos del doctor Fierro Benítez.

Correa insinuó que, pese a que la medalla en el grado de Gran Cruz es el máximo galardón que entrega el Estado ecuatoriano, una trayectoria científica tan destacada y reconocida internacionalmente como la que alcanzó el doctor Fierro sería incluso merecedora de un Premio Nobel. En el más reciente libro publicado por el doctor Fierro ‘Espacio de la memoria’ están recopilados los mejores artículos, los testimonios científicos de quienes trabajaron con él y la definición de su álter ego: “un solitario y aislado anarquista”.

Se pudiera decir tanto del endocrinólogo Fierro Benítez, pero la opinión del científico John B. Stanbury resume todo: “Tiene un profundo conocimiento del papel de la ciencia en el desarrollo de su país y de los países vecinos, un sentimiento intenso por la tragedia que han significado las políticas en América Latina, además muy sensible por el empobrecimiento de su tierra y las injusticias sociales”.

@flarenasec