La extorsión de la cadena nacional

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El artículo 75 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de Argentina establece que el Poder Ejecutivo podrá utilizar la cadena nacional en “situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional”. Así lo hicieron todos los presidentes desde el retorno de la democracia, a excepción de Cristina Fernández, que en lo que va del año la utilizó 27 veces. Resulta útil para tomar dimensión del abuso mencionar que su esposo, el expresidente Néstor Kirchner, la usó en dos oportunidades durante todo su mandato.

La Presidenta utiliza la cadena nacional por fuera de lo establecido en tres situaciones específicas. La primera, para hostigar a quienes critican a su gobierno. La segunda, cuando hace propaganda de obras de gobierno o candidatos propios. La tercera es la más perversa: implica utilizarla para aumentar el grado de sometimiento político de sectores empobrecidos que dependen de la ayuda social que brinda el Estado.

Pude comprobar esta última instrumentación a raíz de una investigación de tipo cualitativo que realicé en un asentamiento del conurbano bonaerense, el año pasado. Consistió en una serie de entrevistas anónimas con vecinos receptores de ayuda social y planes sociales, que ocupan el rol de clientes en la red de clientelismo político del barrio.

Además de detectar relaciones clientelares clásicas en las que se considera “normal” recibir ayuda social a cambio de asistir a marchas políticas, realizar pegatinas o fiscalizar para el oficialismo, pude verificar un perfeccionamiento de la red de clientelismo político a raíz del cambio en la estrategia comunicacional del Gobierno. En efecto, el uso sistemático de la cadena nacional por parte de Cristina en donde ella misma se presenta como benefactora de nuevos planes sociales o anuncia aumentos para los ya existentes, como por ejemplo la Asignación Universal por Hijo (AUH), produjo una reconfiguración de la red de clientelismo tradicional a un estado de mayor condicionamiento político de los pobres.

El uso de la cadena nacional le garantiza a la Presidenta hablarles directa y masivamente a los beneficiarios de los planes. De esta forma “saltea” a los punteros políticos de distintas extracciones partidarias, disciplinándolos, hecho que restringe aún más la libertad política por cuanto todos terminan trabajando para el poder central.

Cuando les pregunté a mis entrevistados acerca de la responsabilidad con relación al otorgamiento de la ayuda social, por ejemplo la AUH, todos respondían que era Cristina quien la daba. Cuando consultaba acerca de la forma en que se habían enterado, las respuestas en general estaban referidas a que lo habían visto por TV. Incluso, afirmaron esperar con “ansias” los anuncios de aumentos que “Cristina nos da varias veces al año”.
Esta estrategia de comunicación tiene por fin condicionar fuertemente el voto de las personas en situación de pobreza. En el siglo de las comunicaciones, la cadena nacional es anacrónica, además de ser una herramienta extremadamente peligrosa en manos de gobernantes con vocación autoritaria.