Milagros Aguirre

Como canguil

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Como canguil en la olla empiezan a saltar los descontentos del país. Descontentos los jubilados de la salud que esperan su bono. Descontentos los deportistas que han tenido que correr con los zapatos remendados mientras que unos pocos funcionarios y políticos han tenido jugosos salarios y poco trabajo (¿repartición equitativa de la riqueza?). Descontentos los maestros, los médicos, los estudiantes universitarios, descontentos los constructores, los ingenieros, los exportadores, los economistas, los comerciantes, los taxistas, las mujeres, los que esperan una vivienda o aquellos damnificados a quienes no les ha llegado nada. Normal. Ahora los descontentos pueden hablar, decir, reclamar, pararse en la plaza grande y hablar de lo que les incomoda: desde la carestía de la vida hasta las dificultades laborales pasando por la violencia de género, los detenidos y los desaparecidos.

Pero es curioso ver que los funcionarios del gobierno anterior que ahora siguen en este, también han estado descontentos. No decían ni pío pero han estado inconformes con algunas cosas: desde los elefantes blancos hasta la falta de autonomía universitaria; desde la educación bilingüe hasta la ley de plusvalía y otras tantas cosas que ahora van a revisar. Es decir, ni ellos mismos han estado tan convencidos de lo que han llamado “el proyecto”. Ahora aplauden una democracia en la que ayer no creían. Ahora aplauden una autonomía universitaria en la que tampoco creían. Ahora celebran a una prensa a la que aborrecieron durante diez años. Ahora se dan cuenta de que para gobernar es necesario escuchar. Ahora comprueban que la mesa no ha estado servida después de que se han empapuzado durante una década sin saber que algún día les tocaría lavar los platos para pagar la cuenta. ¿Dónde será que estaban cuando se preparaban leyes con dedicatoria? ¿Dónde cuando se hacían los negocios millonarios?

Mientras algunos “soldados de la revolución”, que parecían dispuestos a inmolarse por lo que llamaban “proyecto” han estado impacientes por el cambio de mando para poder mostrar su descontento y hablar de diálogo y guardar la compostura, otros están agazapados esperando dar el zarpazo, acusando al gobierno actual de traición, escribiendo frases como esta, vista en las redes sociales, que es una perla: “el traidor, por salvarse él, está delatando a todos”, que es como reconocer que en este capítulo de la historia nacional, “todos” han tenido las manos no tan limpias como le dijeron al pueblo.

Parece que seguirán saltando los desperfectos de esa revolución, que ahora está obligada a conciliar, antes de que se rompa la frágil cuerda sobre la que está asentada la economía, tiene que sentarse en la misma mesa que la oposición para tranzar y reconstruir un país que ha estado herido de odio. Si no lo hace, la olla de canguil puede explotar.