José Ayala Lasso

Comités de la revolución

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Hace pocos días, el Ecuador miró, sorprendido y preocupado, varios videos que, unánimemente, muestran a dos personas con uniforme militar impartiendo instrucción a un grupo de civiles. El asambleísta y la funcionaria del gobierno allí presentes, inquietos ante las implicaciones de esta indeseada revelación, sin negar los hechos, trataron de explicarlos diciendo que eran un simple “curso de oratoria” dictado en una “mañana deportiva”, en un parque público de la ciudad.

Inaceptable ofensa al pueblo ecuatoriano: considerarnos un conjunto de ingenuos que, al mirar la inocente realización de un picnic, creemos estar viendo una sospechosa instrucción militar a civiles.

El mes de agosto pasado, el Ecuador recibió una donación china para los damnificados del terremoto de Manabí. Curiosamente, entre carpas, colchones y otros objetos de utilidad para las víctimas, llegaron 10 000 fusiles, sin que los mandos castrenses hubieran sabido nada al respecto. Posteriormente, se dijo que la donación de China obedecía a un pedido de las Fuerzas Armadas. ¿Porqué, entonces, llegó como parte de una ayuda a los damnificados del terremoto? Y si el mando militar conocía de esta transacción, porqué estaría aún pensando en qué destino dar a esas armas, que ahora se dice forman parte de una transacción que incluye 15 000 fusiles adicionales?

Abrumado por las pruebas sobre la presunta instrucción militar a civiles, el Ministro de Defensa se ha visto obligado a reconocer que sí hubo la inicialmente negada instrucción y que en ella participaron militares en servicio activo que cometieron un “error gravísimo” y serán sometidos a disciplina.

Es obvio, entonces, que las gentes del gobierno presentes en el episodio paramilitar mintieron al país y lo hicieron de manera descarada. Le ofendieron al ocultar la verdad y le volvieron a ofender al pensar que podían salir ilesos sosteniendo que la instrucción paramilitar era un “picnic”, las técnicas de defensa y agresión un curso de oratoria, y el bosque escenario de la misteriosa actividad un parque público de Quito.

No es suficiente decir que los hechos ocurrieron hace más de un año, pretendiendo disminuir su gravedad. Tampoco solo es cuestión de someter a disciplina a los militares que impartían instrucción ilegal. Es necesario saber si la autoridad estuvo al tanto de estos hechos. Conocido es que, hace un año, el gobierno concedió licencia al Canciller para que se dedique a fortalecer los comités de defensa de la revolución. ¿Hay alguna relación entre ese hecho y la preocupante y subrepticia instrucción militar que el Ecuador ha visto, impartida hace un año?

Esta es materia que debe ser aclarada a plenitud, sin subterfugios. Al pueblo ecuatoriano no se le alimenta con ruedas de molino: “Lecciones de oratoria en un picnic”…¡Insolentes!