Milton Luna

Comisario de inquilinato

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Llegó la notificación como a arrendatarios morosos. En un plazo muy corto las dos organizaciones de la sociedad civil tenían que salir de la casa en que había desarrollado por muchos años sus actividades de promoción y movilización social. Debían recoger sus cosas y entregar las instalaciones de sus oficinas a la “instancia oficial”, que por sí y ante sí, liquidaba el comodato que había sido firmado por algún Gobierno con sentido social, para que esas organizaciones cívicas puedan desarrollar su labor con relativa comodidad, teniendo una base física en propiedades del Estado.

La medida fue ejecutada por el Director de la “instancia oficial”. No era un burócrata cualquiera. Era un antiguo militante de ONG, amigo-conocido de las organizaciones a las que estaba echando a la calle, que por cosas de la vida y de la política, en el nuevo y encumbrado puesto, tenía que tragarse su pasado y, por disposición revolucionaria, jugar al rol de “comisario de inquilinato”.

Eran los tiempos en los que se iniciaba el debilitamiento sistemático de las organizaciones de la sociedad civil. La salida de la casa afectó de manera distinta a las dos organizaciones. Para la una fue una suerte de estímulo. Asimiló la situación y cobró nuevos bríos. Para la otra fue el golpe de gracia. Sus enseres y archivos de años de lucha fueron arrumados como trastos viejos en algún cuarto aledaño a la calle de la misma casa.

De manera vergonzosa, una gran organización en su momento, cerró sus puertas sin que nadie asista a su entierro. Varios de sus exdirigentes y militantes, callados o temerosos, estaban desde hace rato en los roles de pago de varias entidades estatales.

La historia nuevamente se repite, a la Conaie le ha llegado la orden de desalojo de la casa en comodato. A viejos amigos les toca hacer de “comisarios de inquilinato” y ejecutar la fuerte decisión, la que, seguramente, encenderá más los motores de esta emblemática organización de los runas ecuatorianos.

Sin embargo, la misma medida contribuye a incrementar el ambiente de depresión, bronca contenida y desmovilización en más amplios sectores sociales, cívicos, periodísticos y académicos que se autocensuran o cierran sus puertas por falta de recursos, debilitando peligrosamente espacios democráticos, de investigación, de pensamiento crítico e independiente.

Revistas de investigación, periódicos, organizaciones sociales, ONG y universidades, informaron su experiencia de presiones, cercos políticos y económicos, que les condujo a medidas difíciles y a conflictos intestinos; unos miembros contra otros, algunos, motivados por legítimos intereses, otros no, sin perspectiva, olvidándose del problema central.
Divide y vencerás ha sido la consigna del poderoso en muchos tramos de la historia. ¡Alerta y unidad! previene la sensatez.

mluna@elcomercio.org