Jorge León

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Los indecisos, según las encuestas, disminuyen pero su alto porcentaje fue revelador de la situación actual.

Y sorprende siempre que Moreno tenga tanta aceptación, luego de 10 años de gobierno de AP, de la supuesta corrupción, de datos económicos negativos y de una herencia fiscal desalentadora, con deudas exorbitantes que pagar. La indecisión refleja la dificultad de optar por alternativas que convenzan. 


En política se opta por lo que hay al frente y responde a nuestra visión, a nuestras aspiraciones o necesidades, al descontento que queremos expresar. De las explicaciones dadas sobre la situación de indecisión, de apatía de varios y de la poca reacción popular de rechazo a la corrupción, no se considera la legitimidad que AP guarda para muchos. 


Primero, hay razones pragmáticas, las del clientelismo, como la subvención casi al tercio de la población con un bono que es aún por pobreza. Están miles de funcionarios velozmente incorporados, con un salario jamás imaginado, también aquellos que dependen de programas gubernamentales, sociales o no, etc. Esto puede representar más de un tercio de votantes.

El núcleo “duro” de apoyo a AP debería ser mayor. Los votantes por AP pueden serlo también por convicción; lo que se hace correspondería al discurso. La gran ventaja de AP es la división de la derecha y un centro izquierda que no tiene identidad hacia la izquierda sino más a la derecha. El regreso a una derecha que no se moderniza no parece cuajar, pero tampoco recibe la aceptación que tuvo AP.

Un empate de fuerzas y un impasse para buena parte de la ciudadanía.
Tercero, puede ser que la legitimidad del gobierno no se ha agotado y la de los principales contrincantes no logra cuajar. En política una fuerza política adquiere reconocimiento, votos, cuando se agota la de los demás, los contrincantes. Correa no habría logrado muchos votos si se hubiera presentado cinco años antes, los partidos y sus dirigentes mantenían entonces reconocimiento. 


Ahora, resulta difícil borrar años de paraísos pintados por toda la propaganda oficial; muchos creyeron en tantas ofertas y milagros. Que difícil resulta entonces ser realistas, tanto del lado del candidato como del elector. Siempre aparecerá que es poco lo que ahora se ofrece comparado a la época de bonanza de mayor riqueza petrolera.

El populismo tiene varios carapachos que le mantienen. 
Los populismos precisamente siembran adhesión directa al “líder” porque les encarna en sus posiciones contra los “malos” y porque sus promesas de paraísos se cumplirían. Las sutilezas de las finanzas públicas o de lo sustentable no hacen mella a esta primaria adhesión porque encarna esperanza, y hay veces en que los humanos no queremos ver la realidad, preferimos ser avestruces. Los populismos tienen así una piel dura de cortar.