Gonzalo Ruiz

Crónica: cinco horas de trámite

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El proceso había empezado días antes. Diligentes y con eficiencia los abogados de la empresa habían juntado pacientes más de una decena de hojas del trámite notarial para el traspaso de propiedad de un auto. Una corta cola en un banco y el desembolso de una considerable suma fueron el siguiente capítulo de la novela en distintas entregas.

Días después empezaba la peregrinación. Primero el desplazamiento hasta el antiguo aeropuerto. Con los pagos al Servicio de Rentas Internas al día, la hilera en el mostrador de Información de la Agencia Metropolitana de Tránsito fue la antesala de la primera noticia: Había que ir hasta una agencia privada de pagos de servicios, la única autorizada para recolectar valores de revisión vehicular. El tiempo apremiaba, el papeleo quedó para otro día.
A las 09:30 de la mañana siguiente empezó la búsqueda del local de pagos. Una cola aceptable y una respuesta que causaba desasosiego: - no hay sistema, espere que venga la reconexión en cinco minutitos.

En esos cinco minutitos el desfile de usuarios se iba incrementando. Todos con la misma acuciosidad recibían la misma respuesta. Transcurridos los cinco minutitos la nueva pregunta tuvo idéntica contestación. La angustia crecía y la anécdota de un señor que relataba que se hallaba prorrateando la esperanza desde la tarde del día anterior pintaba un mal panorama.
Los cinco minutitos se convirtieron en una hora y media. Pero entre la algarabía y el alivio de los usuarios se hizo la luz (¡volvió el sistema!). Se pagó los USD 8,60 (más costoso es el tiempo perdido). Todo era cuestión de retornar de nuevo al punto de partida de aquella mañana, situado a apenas un kilómetro del punto de pago.
Nueva cola en Información para conseguir la explicación del procedimento a seguir por parte de la amable señorita que me recibía por segunda vez en la mañana.

Fila de autos en busca de que los expertos graben en una hoja de papel y provistos de una cinta adhesiva la famosa impronta debidamente oculta del motor. Consultas entre los conocedores y al fin: ¡objetivo logrado! Con ese papel agarrado como si se tratarse de un clavo ardiente, la misión era estacionar el vehículo para volver a una pequeña oficina que se llama Inspección de Valores. Allí, otro amable funcionario daba otro baldazo de agua fría: - Tiene una multa por no haber registrado el trámite a tiempo, vaya a la ventanilla 13 para que le juzguen. En la nueva inspección, multa de USD 18 que no se podrá pagar hasta 10 días después. Y ahora sí... No, ahora no. Ir a otro banco que maneja el Estado donde se paga el cambio de matrícula, a 3 kilómetros, en un centro comercial. Cola, ventanilla, papeleta de depósito y vuelta a empezar: Información por tercera vez. Silla confortable y espera: - Vaya a la ventanilla 16. Allí una amable señorita dictaba el deber a su hijo y atendía cordial. Luego, y con ficha preferente, cinco horas después, el trámite se acabó. Todos muy amables pero las 5 horas perdidas nadie las devuelve.