Thalía Flores y Flores

Vicuña y Espinosa

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Se dicen defensoras de los derechos humanos pero evitan hablar del hambre y la miseria a la que se ha condenado a un país, en especial a los más pobres, que hoy escarban basureros para encontrar algo que llevar a la boca. Nada dicen tampoco del inhumano trato a los opositores al régimen, confinados a las mazmorras del Sebin, temible oficina de represión y tortura.

La vicepresidenta María Alejandra Vicuña y la canciller María Fernanda Espinosa no mencionan el éxodo de millones de venezolanos que cruzan las fronteras huyendo de la miseria. Y parece que ni siquiera se han enterado que en las calles del Ecuador hombres y mujeres de la Patria de Bolívar venden baratijas y alimentos para lograr unas pocas monedas, que ni su título universitario les dio en su país.

O la comodidad de sus elegantes despachos y las extensas comitivas con las que van al exterior las ha insensibilizado, o la ideología ha ofuscado su entendimiento. ¿Ignoran que cientos de madres, en un desgarrador acto de amor, han entregado a sus hijos a personas con posibilidades económicas, porque ellas ya no pueden alimentarlos? La crisis humanitaria que vive Venezuela no tiene precedentes en la región, pero Vicuña y Espinosa se aferran a la libre determinación de los pueblos y la no intervención; ignorando su real sentido y la Doctrina Roldós -concebida por quien ejerció la Presidencia del país-, acogida en la Carta de Conducta, por los países andinos, que subraya que la acción conjunta ejercida en protección de los derechos humanos no viola el principio de no intervención.

Haciendo malabares con las palabras, las funcionarias han intentado justificar su respaldo a la tiranía de Maduro; pero su retórica ha resultado una falacia. “Hay que ser tolerantes con la ignorancia, excepto cuando esta es deliberada”, apunta el español Javier Marías.

La propuesta de que Ecuador sea “interlocutor amigable”, que acaba de plantear la canciller en Ginebra, evidencia un grosero desconocimiento de los tiempos de la diplomacia. El diálogo terminó porque fue la coartada para que Maduro planifique perpetuarse en el poder, anticipando las elecciones presidenciales, cuándo los partidos opositores han sido invalidados y los dirigentes más populares inhabilitados. Por eso, el Grupo de Lima, que lo integran 14 países, exige la suspensión de los comicios. Es impresentable también la insistencia de la vicepresidenta para que Maduro asista a la Cumbre de las Américas, en Lima, después de que Perú le retiró la invitación, acatando la Declaración de Quebec, que excluye de la cita cuando hay alteración o ruptura inconstitucional del orden democrático.

En Memorias de Adriano, M. Yourcenar dice que el César sostenía que “lo importante no es cómo se haya llegado al poder, sino que una vez en él se demuestre que se merecía ejercerlo”. Ustedes dirán, vicepresidenta Vicuña y canciller Espinosa.

Columnista invitada