Enrique Ossorio

Seguridad ciudadana

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La ceremonia de ascensos y condecoraciones de la Policía Nacional que tuvo lugar la última semana en la ciudad de Guayaquil, fue una demostración cabal de la profundidad de las transformaciones llevadas a cabo en el país durante los últimos diez años.

La incorporación de 1 559 cadetes a la institución, y el ascenso de 64 oficiales y suboficiales, entre ellos las ahora generales Ivón Daza y María Fernanda Tamayo, no sólo dan cuenta de los avances en materia de ampliación de derechos e igualdad de género en nuestro país, sino fundamentalmente de la reforma que consolidó un nuevo modelo policial y de gestión de la seguridad que tiene al ciudadano como protagonista excluyente.

Una profunda reforma policial que ha permitido dejar atrás los tiempos aciagos en que miembros de la institución tomaron las armas que el Estado les dio para defender la vida y la propiedad de los ciudadanos, y pretendieron usarlas en contra de los poderes legal y legítimamente establecidos.

Una profunda reforma policial que ha permitido dejar atrás la fuerza poco tecnificada y equipada, autorregulada y autónoma, sin presencia en todo el territorio de la patria, y con una pésima imagen ciudadana.

Una profunda reforma policial que ha dignificado a los policías como servidores públicos, y que los ha acercado a la comunidad.
Esta firme decisión política de modernizar, fortalecer y jerarquizar la institución, le ha permitido mejorar notablemente su desempeño en beneficio de todos los ecuatorianos.

Las cifras son en este sentido más que elocuentes: 781 millones de dólares de inversión en infraestructura, tecnología y moderno equipamiento en las unidades operativas; una fuerza que pasó de 35 mil uniformados en 2006 a los más de 48 mil actuales; y un salario que pasó de 310 dólares en 2006 a los 933 dólares de hoy.

En virtud de ese proceso Ecuador se acerca hoy a los más elevados estándares internacionales de cuatro policías por cada 100 mil habitantes, y ciudades que otrora estaban entre las más violentas de la región –como Quito-, hoy se encuentran entre las más seguras de la región.

Logro que también es producto de las demás políticas públicas inclusivas impulsadas por el gobierno nacional, habida cuenta que la inseguridad es también en gran medida producto de un sistema social inequitativo.
Sin dudas, como en muchas otras áreas, es mucho lo que falta.

Pero la garantía de no volver al pasado, y por ello la herencia más importante de estos años en esta materia, es la toma de conciencia de que la seguridad es mucho más que un mero servicio del Estado, es un tema de todos, una construcción colectiva que hace a la calidad de vida de los ecuatorianos de todos los sectores sociales, culturas, y pueblos.

Columnista invitado