Rodrigo Borja

El ‘bogotazo’

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A la una y cinco minutos de la tarde del 9 de abril se escucharon en Bogotá tres disparos que cambiaron los destinos de Colombia. Fue en el año 1948. En una esquina céntrica —la carrera séptima y la calle 14— cayó abatido el más grande de los caudillos populares colombianos del siglo XX: Jorge Eliécer Gaitán, formalmente liberal pero con convicciones socialistas democráticas.

La noticia, cargada de materiales inflamables, se regó rápidamente por la ciudad. La gente invadió las calles con escopetas de caza, machetes,cuchillos de cocina, tubos de agua potable y cuanto instrumento de agresión estuvo a su alcance. Se formaron grupos enfervorizados, sin jefes ni conductores, dispuestos a vengar la muerte del caudillo.

La tradicional consigna gaitanista de “¡a la carga!” resonó en los oídosy corazones de las masas que, enfurecidas y delirantes, salieron a incendiar los edificios emblemáticos del poder conservador: los ministerios de gobierno, de educación, de relaciones exteriores —que fue atacado bajo la creencia de que allí estaba el caudillo conservador Laureano Gómez, recientemente nombrado para desempeñarlo—, la gobernación de Cundinamarca, la Procuraduría de la República, el palacio arzobispal, la nunciatura apostólica, el colegio “La Salle” de los hermanos cristianos, el diario “El Siglo” de propiedad de Laureano Gómez y otros edificios que simbolizaban la política conservadora, a la que tan encendidamente había combatido Gaitán.

El cadáver despedazado del asesino —Juan Roa Sierra— fue arrastrado hastalas puertas del palacio presidencial, sitiado por una multitud enfervorizada. En su interior, el presidente conservador Mariano Ospina Pérez, cuya cabeza pedía la muchedumbre, afrontó el peligro con serenidad. Cuando alguien le sugirió abandonar el palacio contestó: “a Colombia más le vale un presidente muerto que un presidente fugitivo”.

La fuerza pública reprimió el alzamiento. Cerca de cinco mil cadáveresquedaron esparcidos en las ruinosas calles bogotanas.

Con su caudalosa oratoria de masas, en la que alternaban la exaltaciónemotiva, los giros líricos, el tono bajo y casi confidencial —que resultaba aun más convincente— y los trazos coloquiales que identificaban al líder con el habla popular, fustigaba duramente a la “oligarquía conservadora” y a la “oligarquía liberal”, que representaban los mismos intereses según Gaitán.

La violencia se apoderó de Colombia. Conservadores y liberales se mataban salvajemente, hasta que hicieron la paz en 1958. Pero la confrontación liberal-conservadora fue sustituida por la insurgencia guerrillera de las FARC, el ELN, el EPL, el M-19 y otros grupos menores que, en 66 años de violencia, ha dejado centenares de miles de muertos y millones de desplazados.

Lo recuerdo a propósito de la conferencia de paz del gobierno colombianocon las FARC.