Benjamín Rosales

Realidad comercial petrolera

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Parece que la caída de los precios internacionales de hidrocarburos, que se inició hace más de cuatro meses, tiende a detenerse. Según especialistas, los precios pudieran estabilizarse, para el referencial WTI, entre 50 y 70 dólares. El piso estaría al nivel del costo de extracción y procesamiento del crudo de esquistos, abundante en Estados Unidos y otros países.

Muchos vaticinaban esta baja de precios: es un ciclo que se repite periódicamente por choques entre oferta y demanda. Precisamente, los precios subieron sustancialmente a partir del 2007 por el aumento de la demanda en países con rápido crecimiento mientras la oferta estaba algo estancada. Esos altos precios provocaron inversiones tecnológicas que han permitido, luego de un lustro, aumentar la oferta de hidrocarburos con la explotación de campos submarinos de difícil acceso y de crudos de esquistos.

Estados Unidos, Rusia, Brasil y China han aumentado su producción significativamente, mientras que el ritmo de crecimiento económico mundial y la demanda petrolera han disminuido. El resultado es una nueva realidad en los precios del petróleo ecuatoriano.

Nadie en Ecuador puede estar contento con esta circunstancia económica. Sin embargo, deberíamos estar preparados ya que el país ha experimentado los efectos de ciclos de alza y disminución de precios del petróleo desde que comenzó la explotación del crudo en el oriente ecuatoriano, hace más de 40 años. Además, enseñanzas bíblicas hacen referencia a períodos de abundancia y escasez en las naciones, y la necesidad de que los gobernantes se preparen para las épocas de vacas flacas. Esta precaución no se ha dado en el gobierno del presidente Correa. No hay fondos de reserva, el gasto público y la deuda han subido significativamente, y el crecimiento económico está sustentado principalmente en inversiones estatales.

¡No es hora de lamentos! El Gobierno debe actuar con realismo y efectividad, priorizando gastos e inversiones. Debe considerar que el actual nivel de precios petroleros puede perdurar algunos años, hasta que otros factores afecten la demanda y oferta. Además, los ingresos estatales no solo disminuirán por la baja de precios de petróleo; esta afectará al crecimiento económico del país, que se ha sostenido en el último lustro, gracias a la cantidad de obra pública realizada con los excedentes del alto valor del hidrocarburo. Si baja el crecimiento económico, se reducirá el aumento de ingresos fiscales esperado.

Por eso, el Gobierno debe revisar el presupuesto del 2015, y ajustarlo para que refleje la realidad . Mientras más temprano se aplique una política de restricción de gastos, se prioricen las inversiones, y se incentive la inversión privada, menor será el efecto negativo que soportaremos los ecuatorianos con esta significativa disminución de ingresos. En tiempos de crisis debe sobresalir la capacidad y habilidad de los gobernantes.