Carlos Jaramillo

Quito, para vivir, pero…

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En agosto del 2012, la organización internacional Economist Inteligense Unit calificó a Quito como una de las mejores ciudades de Latinoamérica para vivir, luego de un análisis de 140 urbes del mundo.

Para esta clasificación fueron tomados en consideración estándares de estabilidad política y social, índices de delincuencia, infraestructura, acceso a salud y educación, niveles de cultura y medioambiente, etc. Melbourne, Australia, ocupó el primer lugar a escala mundial. Quito no constó en el grupo de privilegio.
Además de los consabidos problemas, esta urbe adolece de ciertos lastres que vienen de antaño y que merecen atención de las autoridades municipales y la decisiva colaboración ciudadana para su solución.

Dejan mucho que desear el aseo de calles, parques y otros sitios públicos de la urbe y el trabajo del Departamento Municipal correspondiente y, más aún, la falta de colaboración de mucha gente que, en forma irresponsable, arroja papeles, cortezas de frutas, etc., pese a que, algunas veces, existen depósitos de basura a poca distancia. La mayoría de los dueños de casa no efectúan la limpieza del frente de sus respectivas propiedades y, más bien, sacan a la acera fundas de basura en horas indebidas y las personas que recogen botellas y cartones se encargan de regar los desperdicios. Es necesario que la Municipalidad realice una campaña para que la ciudadanía asuma con responsabilidad ese axioma de que “una ciudad es más limpia no porque más se la barre, sino porque menos se la ensucia”.

Un plausible logro de la administración municipal del general Paco Moncayo fue la erradicación de las ventas ambulantes del Centro de la capital, que se habían apoderado de calles y aceras desde la entonces plaza Hermano Miguel (El Tejar) hasta las goteras de la Plaza Grande, especialmente en la calle Chile, pero, lamentablemente, desde hace algunos años se está convirtiendo a unas cuantas arterias de diversos sectores, en algo así como mercados al aire libre, en los que se expenden comidas típicas, en condiciones rudimentarias y sin la indispensable asepsia, así como frutas, flores, papas, etc., a vista y paciencia de los personeros y funcionarios municipales, para lo cual instalan “covachas” con mesas y bancas en veredas y parterres, con los consiguientes peligros y molestias para los transeúntes, amén del mal aspecto que ocasionan y que contrasta con el esfuerzo de quienes tratan de presentar una agradable imagen de orden y aseo.

Así mismo y sin que implique mayor gasto vale la pena que el Municipio instale servicios higiénicos que tanta falta hacen en sitios estratégicos y que, bajo el debido control, encargue su cuidado a aquellas personas que cobran una módica cantidad a los usuarios.

La solución de estas tres anomalías urbanas contribuirá para mejorar las características de esta encantadora ciudad para vivir.