León Roldós

El privilegio de la palabra

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Se supone que la educación y la cultura deben llevar a su valoración y a su mejor uso, pero en los hechos quienes tienen los estudios y los títulos muchas veces prefieren ser regresivos, banalizando temas o con intención de irritar u ofender. El tema de la mujer hoy está en el debate nacional e internacional.

En lo nacional, yo no creo que el Presidente Correa esté en la línea misógina -denigración, discriminación, violencia y cosificación de la mujer- de que se lo acusa, pero debe revisar su fraseología al referirse a las mujeres.

Se recuerda su expresión sobre una fiesta de fin de año en la Asamblea, me parece que fue del 2011, cuando expresó “Yo no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado la farra impresionantemente, ha mejorado el buen vivir porque se armó una farra”…“¡Qué asambleístas que tenemos! Guapísimas, ¿ah? ¡Eh, Corcho!, hay que aumentarles el sueldo, ¿eh?, porque no tuvieron plata para comprar suficiente tela y todas con minifaldas, Dios mío”…“Me contaron, unas piernas y unas minifaldas impresionantes, guapísimas las asambleístas”. Como que él creía que estaba alabando la belleza de la mujer asambleísta, pero realmente era una cosificación de la mujer. La asambleísta electa por País, María Paula Romo, entonces, le envió una carta en que expresaba “…expresiones como éstas -aún si se hacen en son de broma- fortalecen los estereotipos que exponen a las niñas, las adolescentes y las mujeres ecuatorianas a todo tipo de agresiones”.

Y ya en ataques singularizados, referirse a una mujer como “gordita horrorosa”, o a las arrugas de otra mujer, o al “maquillaje” con ánimo de ofender, o con la calificación de “neuróticas” a quienes formulan críticas, pueden alimentar el circo de la politiquería, pero en nada tienen valor para la democracia.

En lo internacional, si hay un “misógino”, Donald Trump, en que su perversión lo lleva a expresiones y conductas de grave ofensa a la mujer como ser colectivo y también para aquéllas a que singulariza sus palabras.

Y Julián Assange huésped de la Embajada del Ecuador dirige todas las baterías –disparadas desde la Embajada- contra Hillary Clinton “elegir entre Trump o Clinton es como elegir entre el cólera o la gonorrea”. El Presidente Correa en declaración de fines de septiembre del 2016 a Eva Golinger, de la cadena Russia Today (RT), quien le preguntó sobre que significaría para América Latina el triunfo de Trump, expresó que sería bueno por el “rechazo” que generaría y esto va a “exacerbar las contradicciones”, aun cuando a palabras seguidas expresó que “por el bien Estados Unidos y por aprecio personal quisiera que gane Hillary”.

¿Será posible hacer mejor uso de la palabra, tomando posición por el respeto?