León Roldos

Ahora solo para un caramelo…

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El actual billete de mayor denominación de Venezuela es de cien bolívares fuertes, su poder adquisitivo a la fecha le permite comprar un caramelo.

Venezuela anunció el reciente fin de semana (diciembre 2 del 2016) la emisión de un billete de 20.000 bolívares (doscientos veces de mayor valor del billete de cien bolívares), con el cual se podría adquirir o doscientos caramelos u otros productos de menor valor.

Se anuncia que luego se harán emisiones de billetes de más de veinte mil bolívares.

Hugo Chávez llegó al poder de Venezuela en febrero de 1999 (entonces alrededor de 570 bolívares viejos por un dólar), por lo que sumando su gobierno al de su sucesor Maduro, están próximos a cumplirse diecisiete años de que en ese país hay una sola voluntad imperante, la de quien usa la banda del poder y la camarilla de su entorno.

Desde febrero de 1999 se ha hecho locuras tras locuras. Verdad que Venezuela de antes no era un país virtuoso, y eso explica en buena parte la incursión del chavismo, el derroche del dinero era dominante. Su riqueza petrolera parecía que permitía todos los excesos.

En materia monetaria y cambiaria, ya en el torbellino del chavismo, se impuso un “rígido” control de cambios (año 2003), que en los hechos fue un multiplicador de la corrupción.
En el 2008 entró en vigencia el llamado “bolívar fuerte”, un mil bolívares antiguos por uno fuerte.

Lo que ahora se llama “bolívar” es el “bolívar fuerte” del 2008.

La historia de la moneda en Venezuela es demostrativa de lo que significa la confrontación/persecución y destrucción de la economía, desde el poder, y cuando lo ejercen quienes privilegian el control político a cualquier precio, cuando las funciones del Estado son sometidas a un personaje o a una camarilla, en que confluyen audacia, ignorancia y –sobre todo- corrupción.

Por eso, en el Ecuador, no se cae en el cuento de que las cosas podrían ser mejores de haber una política monetaria y cambiaria “soberana” no dependiente de la dolarización, porque, aún bajo ésta, preocupa que la concentración del poder, el uso de recursos que no son propiamente gubernamentales, cual es el caso del IESS, para financiarse por parte del gobierno, así como sucede con la utilización los recursos depositados en el Banco Central del Ecuador, y otras formas de endeudamiento, nos agrave la economía más de lo que ya está.

Y dejemos aparte el tema de la corrupción, ya desbordada en el caso de Petroecuador, con una estructura contractual que, desde el año 2007, se denunció, era proclive a su multiplicación.
Venezuela es el más claro ejemplo de que manejándose así las cosas no se llega al socialismo del siglo XXI, sino a la corrupción del siglo XXI.