Columnista Invitado

Vallas y muros en Europa

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José Graziano da Silva /Andrew MacMillan
IPS

Las naciones europeas de las cuales millones de personas escaparon de penurias y del hambre -Grecia, Irlanda, Italia- son hoy en día el destino de quienes hacen exactamente lo mismo.

Hay mucha gente en movimiento. Los datos más llamativos son los de la migración rural hacia las ciudades en los países en desarrollo. En 1950, 746 millones de personas vivían en ciudades, el 30% de la población mundial. En 2014, la población urbana llegó a los 3,9 mil millones (54%).

En comparación, unos 4 millones de migrantes se han trasladado a países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) cada año desde 2007. Y 60% de los 3,4 millones de inmigrantes de Europa en 2013 provenía de otros estados miembros de la Unión Europea (UE) o ya poseía la ciudadanía europea. Las personas procedentes del exterior suponían menos de 0,3% de la población de la UE.

Los conflictos en Afganistán, Iraq y Siria, además del descalabro de la ley o de las libertades en Libia, Eritrea, Somalia y Sudán del Sur, han detonado un aumento de solicitantes de asilo, cuya cifra subió a 800 000 en los países de la OCDE solo en 2014.

Una aprensión creciente por parte de algunos países receptores ha llevado a llamadas para establecer vallas y muros para reducir los flujos migratorios. Las barreras, sin embargo, son costosas, pueden eludirse, y, sobre todo, son una reminiscencia demasiado fuerte de las restricciones a la libertad de la que muchos migrantes buscan refugio.

Para aquellos países que deseen reducir las presiones migratorias transfronterizas, la mejor opción es, probablemente, hacer frente a sus causas de raíz. Esto implica llevar a cabo acciones para fomentar la paz y la seguridad donde hay conflicto y opresión. También implica cerrar las crecientes brechas en los niveles de vida, tanto entre naciones como entre ricos y pobres, en los países de los que los migrantes económicos se van.

Algunos de los países de destino han recortado las prestaciones de seguridad social para los recién llegados en un intento por reducir su atracción. Pero hacen falta cambios más fundamentales de política en las sociedades más ricas dirigidos a disuadir el comportamiento de consumo más conspicuo de su propio pueblo. Y no será fácil.
La pobreza extrema se encuentra principalmente en las comunidades rurales, donde se inicia la mayor parte de la migración interna.

La Unión Europea ha apoyado el principio de abordar las causas fundamentales de la migración de África a Europa y, en la cumbre de Malta de noviembre de 2015, declaró que la inversión en desarrollo rural es una prioridad. Sin embargo, los casi 30 miembros de la UE solo aprobaron USD 1 800 millones en recursos adicionales. Dada la magnitud de la pobreza, se trata de una cifra insignificante.