Susana Cordero de Espinosa

Mudar de razones

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Quiero escribir algo alegre, con sabor a fruta fresca, a pan calentito, a infancia buena. Algo que cambie de estilo y de razones.

Navidad de hace años: en la contracubierta del libro de Kristy, (que sirve para anotar a mano algún ‘secreto’ culinario), escribí: ‘Receta fácil dictada por Pilar, ojalá salga bien: ‘Sal en grano; agua. Dejo toda la noche, cambio el agua. Tres cabezas de ajo, pimienta, cebolla en polvo, vino, una bolsa de plástico oscura para que se adobe; dentro, manzanas o una cebolla grande. Ningún relleno: te sobra, y no sabes qué hacerte”. De esta ‘receta’ a vuelapluma, resultó un pavo soberbio, aunque su estilo exige explicaciones: el pavo, grandecito, se deshiela dos días en agua-sal; especias, ajo y vino se licuan y riegan sobre el ave que, con manzanas dentro, y dentro de la bolsa, meteremos al horno. Y algo de mi vieja cosecha: ¿Sabía usted que Heráclito el Obscuro llamaba a sus amigos a la cocina diciéndoles: ‘Entrad, que aquí también hay dioses?’.

Vayamos a Lope de Vega: “Ya pues que todo el mundo /mis pasiones de mis versos presume, / culpa de mis hipérboles causada, / quiero mudar de estilo y de razones”... Pues el español de hoy es y no es idéntico al que se hablaba y escribía en el siglo XVI, aceptemos, con el gran poeta, que, pues todo el mundo conocía o, al menos, sospechaba sus pasiones, al haberlas inducido de sus hiperbólicos versos, Lope quiere ‘mudar de estilo y de razones’.

¡Qué tentación! ¡Qué desesperación por mudar de estilo y de razones -sobre todo, de razones- en momentos en que, como manantial de podredumbre, se van probando las sonreídas, odiosas mentiras del gobierno precedente, sus ocultaciones y disfraces! No estuvimos ni estamos preparados para tales dosis de cinismo: no lo estuvieron ni lo están los periodistas que entrevistan a sus interlocutores experimentados en la propaganda, el descaro, la corrupción y el mal, que sonríen como paso previo a toda pregunta, convencidos de tener respuestas para todo’… ¡Y las tienen! ¡Respuestas mentirosas, protegidas por funcionarios tal cual!…

¡Maravilloso último verso del inagotable Lope! Expresa un ansia tan difícil de cumplir que, según minuciosos exégetas, hacia 1605, veintinueve años antes, asediado por el qué dicen y el qué dirán, lo formuló en estrofa algo menos feliz: “Pues que ya de mis versos y pasiones / todo el mundo presume, / y no hay necio que pierda su alcaldada, / quiero mudar de estilo y de razones’. ‘Alcaldada´, en el XVI, significó ‘dicho o sentencia necia’ de las que Lope huía. Quería mudar de estilo y, según propia confesión, no pudo lograrlo– ¿prueba esto, otra vez, que el estilo es el hombre?-; para triunfar, ha de mudar de razones. En esto estamos todos, cada día: en encontrar razones que nos permitan pensar de otra forma, ayudar, ser mejores, castigar a los cínicos. ¡Aunque la ilusión de mudar de estilo y de razones, al evocar mi pavo navideño, me devolvió al tristísimo sabor de lo real!…