Milton Luna

Para empezar…

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La propaganda mentirosa topó techo. Por más esfuerzos que el marketing haga por presentar al candidato como “un producto” amable, descontaminado y sin historia es imposible. No es la hora de las fábricas de mentiras, esas contadas encuestadoras, que elaboran ficciones, a través de datos forjados a pedido, para crear candidaturas triunfadoras.

En estos 9 años de Revolución Ciudadana (RC), la sociedad se polarizó y fracturó profundamente. No solo fue la desintegración en la base. Sino también se precipitó un divorcio de la gente con las dirigencias, en especial con la cabeza máxima del poder, con el caudillo.

El divorcio fue doloroso. Se desmoronaron los ídolos, las utopías, los símbolos. Ejemplo, la icónica figura del “Che Guevara” o la consigna “Hasta la victoria siempre”, que evocaban soberanía y lucha frente a los imperios, fueron utilizadas para afianzar un modelo extractivista y neocolonial.

Los más decepcionados fueron los jóvenes. Primero porque se les defraudó con el tema más sensible para su generación, el medio ambiente, en particular, la defensa del Yasuní. Luego se les golpeó por todos los flancos: se les restringió su tradicional capacidad de movilización y protesta, y se les dinamitó el camino para su ingreso a las universidades.

Sí, los jóvenes han sido los más golpeados por esta revolución. Ellos no solo están molestos con la RC, sino con la política en general, con todos los políticos, con la democracia.

Los equipos de los candidatos deben ser conscientes del daño ocasionado a estas generaciones que se les castró su presente y su futuro. ¿Cómo pedir el voto para su candidato o candidata a personas, como los estudiantes del Mejía, Montúfar o Central Técnico, que fueron “reeducados” en una pedagogía del terror? ¿Cómo decirles que crean en la democracia a ciudadanos que se les enseñó que la crítica al poder, que la protesta, que la libertad de expresión y asociación eran un delito sancionado con el código penal? ¿Cómo hablar a cientos de miles de jóvenes para que crean en una institucionalidad educativa que no les preparó y les lanzó a una aventura cruel de un examen que definía su vida a través del ingreso a la universidad, que les impuso carreras que no les gustaba y que les envió a estudiar lejos de su ciudad y de su familia? En definitiva ¿Cómo restituir confianza en la democracia?

Interesante desafío para todos los candidatos en función de reintegrar a millones de jóvenes a un proyecto nacional. Sin embargo, el problema mayor es para el candidato oficial, que para volverse creíble es insuficiente trazar una amable sonrisa y hacer un chiste. Tendría que esgrimir una postura autocrítica genuina, que pasa por públicamente asumir el error, y pedir al gobierno, al Senescyt y al MinEduc, la supresión inmediata del examen ENES… para empezar.