Oswaldo Jarrín R.

Pérdida de liderazgo

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Las Fuerzas Armadas no son revolucionarias ni forman parte de un componente de la Patria Grande de inspiración ALBA, son profesionales y ecuatorianas.

Este planteamiento se escurrió de entre la memoria fragmentada, especialmente del gobierno que autoritariamente pretende disfrazar el descabezamiento del Alto Mando de las FF.AA., aduciéndose la necesidad de mejorar los niveles de liderazgo y prevenir actos de indisciplina de quienes se oponen a las reformas del ISSFA.

El impasse deja entrever graves confusiones. Por una parte la subordinación de las Fuerzas Armadas a la autoridad política no significa formar parte de la agenda política gubernamental, porque la Institución se debe al Estado.

Por otro lado esta nueva situación calamitosa, no puede desvanecerse porque entre el gobierno y la institución armada debería aparecer el representante legal, político y militar que según la ley radica en el ministerio de la Defensa.

Pero en su lugar existe una fusión ideológica partidista entre el ejercicio del liderazgo político con el liderazgo institucional al no establecer diferencia entre lo que significa administrar el Estado, con el liderazgo institucional que debe circunscribirse a sus misiones constitucionales.

No se han emitido directrices para que las FF.AA. preserven y mejoren su estructura, capacidad operativa, adecuado ejercicio del mando, cultiven sus valores, rijan su convivencia según las leyes establecidas y estén en condiciones de alistamiento, despliegue y empleo, según la doctrina militar en la que se han formado, orientados por la política de defensa nacional que jamás fue elaborada en esta década en un atroz abandono de la defensa y desastre institucional.

La reducción de personal, la implementación suspensa del Libro IV, para crear órganos paramilitares, la eliminación de cursos profesionales y Agregadurías Militares en el exterior, junto con equipos inútiles como radares y helicópteros esquilman la capacidad operativa de las FF.AA.

El deterioro de la disciplina, jerarquía y confrontación odiosa entre tropa y oficiales y de entre ellos, los jóvenes, a los que se llama a rebelarse con sus cuadros de mando superior, es un atentado al ejercicio del mando, quiebra de la moral y la unidad institucional.

Las sucesivas reformas de varias leyes que amparan a la institución militar en su sistema de régimen especial de la seguridad social, se manipulan engañosamente, como el supuesto aumento del sueldo por reducción de sus aportaciones.

El control político de las FF.AA., se busca desde el 2012, hasta que se reveló una agenda oculta en el 2014 y una provocación incesante denunciada en el presente año, según titulares de columna de este diario.

A futuro queda realizar un control de daños causados a las FF.AA., diagnosticarlo y tratar de reconstruirlas en su estructura, imagen, prestigio y capacidad operativa con la que se cubrió de gloria en el Cenepa.

Columnista invitado