María Cárdenas R.

¿Va porque va?

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¿Desde cuándo algo va porque va? Frase disonante en un mundo libre, democrático, donde el pueblo escoge a sus mandantes en búsqueda de mejoras en su vida a través de quien administra la ciudad y el país en los que vive.

A lo largo del país se vive una situación indescriptible, la ‘democracia’ populista. Esta ‘revolución’ no respeta al mandante, sino la vanidosa necesidad del poder. Quito no permitirá contagios. El gobierno más cercano a sus necesidades, al cumplimiento de sus sueños y esperanzas crea, imagine, que puede, dictatorialmente, decir: Va porque va. ¡No! He ahí la equivocación: los gobernantes se deben, por conciencia, ética, honestidad, transparencia y respeto a los ciudadanos; cuidando su obligación, innata al puesto que ocupa, de rendir cuentas, explicar con paciencia, lograr la aceptación de sus propuestas por parte de sus electores. Esa es su labor.

Quito pide explicaciones claras. Solicita, lo que le permite su derecho: presupuestos, planes, números, prediseños, diseños, detalles de toda obra que se pretenda realizar, exactos. Si se ven amenazados, reclaman. Si sienten que sus intereses, sus inversiones, su paz y tranquilidad están en peligro, piden aclaración. Si ven negociados donde el Cabildo ve servicios justos, deben insistir hasta comprender. Si entienden que su zona será negativamente afectada, ya sea en peso de tráfico, si la velocidad pondrá en riesgo a los ciudadanos en un sector netamente residencial, la solución vial debe ser socializada ampliamente. Si siente que el dinero que paga en impuestos está siendo despilfarrado con soluciones de transporte masivo que no concuerdan con sus cálculos, pueden y deben reclamar. Y siempre, en todo caso, tenga o no tenga razón, debe recibir atención a través de explicaciones, de presentaciones, de socialización masiva sincera, a través de todo medio posible.

Fundamentada en su derecho de solicitar información transparente, la ciudadanía debe comprender que el bien mayor siempre ganará sobre el individual. Es la práctica común y justa, respecto a obras en beneficio de la ciudad. Siempre y cuando, cumplan con las reglas mínimas de servicio y, ahora, con la necesaria socialización que incluye llenar las expectativas de todos los ciudadanos con exposición a la propuesta.

La transparencia de la solución que se pretende, de cada centavo que será gastado, es indispensable y obligatoria para la autoridad.

La presencia y comunicación del mismo Alcalde y sus funcionarios, en todo foro que los requiera, es obligación. Así mismo, la ciudadanía debe dar espacio para comprender que las ciudades son seres vivos y cambiantes, que sus habitantes necesitarán cambios constantes estructurales, que podrían afectar sus costumbres y sus áreas de influencia. Si el actual Alcalde quiere que sus ciudadanos lo respeten, jamás deberá pretender que algo va porque va, porque esa frase no incluye respeto a la inteligencia y necesidades de sus votantes. Abra los detalles para el escrutinio público, piense siempre primero en el individuo para poder servir a la comunidad.