Enrique Echeverría

Prófugos de la Justicia

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Estamos ante un panorama judicial complicado, debiendo observar obligatoriamente las normas procesales en materia penal iniciadas contra varias personas y por diversas infracciones.

No todos los sospechosos se encuentran en la cárcel y quizá, en el país. Pero hay otros que se fueron anticipadamente y se hallan en EE.UU., con preferencia en Florida donde hay playas para vacaciones y comodidades.

En el capítulo de prófugos de la justicia, mencionados en alguno de los tantos procesos penales en trámite, se les atribuye estar “gozando” del dinero en las playas extranjeras y las distracciones que ofrecen.

Pregunta: ¿Realmente un prófugo con orden de prisión preventiva dictada en juicio penal, está gozando en la situación en que se halla, cual si estuviese de vacaciones? La experiencia profesional acumula información. Hay dos categorías: quienes realmente han fugado disponiendo de dinero mal habido pero colocado anticipadamente en bancos extranjeros; y, otros que al término de los procesos merecen absolución y no disponen de esas fortunas mal conseguidas.

Muchos de los primeros son personas que no se asustan en esa situación, pues carecen hasta de vergüenza; sin embargo viven preocupados por una posible extradición o caer en manos de la Interpol. Los del segundo grupo –más aún si son sensibles- reaccionan de diferente manera.

Los unos llevan una vida soportable; los otros, padecen sufrimiento indecible. Al huir para evitar que lo apresen, no pueden permanecer en su domicilio porque saben que será el primer lugar donde los busquen. Generalmente se alojan en casa de un pariente cercano que lo recibe con afecto. Pronto comienza a tornarse susceptible, le parece que la cuñada está molesta por su estadía; o que algún sobrino no oculta su rechazo. En tal situación, abandona la casa y se refugia en otra, en la que se repite la misma reacción. Esa persona sufre intensamente.

Se dio el caso de alguien que fue alojado en una propiedad de persona influyente, a la que no podía llegar nadie. Comenzó a afectarle la soledad. Extrañaba a su mascota. La llevaron para que le haga compañía. Al cabo de tres meses empezó a sospechar que entre los árboles se deslizaban policías y ya no era posible continuar allí. A tiempo le llegó la revocatoria de la orden de prisión preventiva.

En experiencia profesional, por lo menos en tres casos el prófugo acudió donde su abogado para que le entregue al juez; y que lo manden a la cárcel donde estaría más tranquilo que en la vida azarosa que estaba padeciendo.

Permanecer alejado del país, de la familia y en cierta soledad afecta incluso a los que realmente perjudicaron. Las playas doradas y acogedoras extranjeras, no suplen el ambiente de patria y de familia.