Juan Valdano

Anaconda Park: el juego del poder

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Imaginemos un país rico habitado por un pueblo digno y laborioso que espera prosperar y ser feliz; un país que ha sido gobernado por élites insensibles, regido por camarillas de demagogos que encandilan a la masa con quiméricas promesas. Imaginemos un país que ha perdido la visión de futuro, pues la trágica historia de fracasos se repite una y otra vez. Y, en medio de esta tribulación surge, de repente, un hombre sin pasado, un audaz lisonjero que dice tener la fórmula para curar al pueblo de sus males. Este supuesto enviado del cielo atrapa la devoción de la masa y alcanza el poder. Una vez que tiene en sus manos los hilos del mando muestra su verdadero rostro: se adjudica todos los poderes, impone un dogma, erige su “revolución”. Tras una simpática máscara, el necio buscará siempre fascinar a la multitud. Y es entonces cuando el circo se pone de moda.

De esto trata “Anaconda Park”, la oportuna novela que Jaime Marchán acaba de publicar. Su lectura nos deja la sensación de lo “déjà vu”, ficción extraída de la pantanosa realidad en la que chapotean los pueblos que claudican de la sensatez y caen en el engaño de falsos redentores que convierten países prósperos en sociedades infelices. En “Anaconda Park”, realidad y fábula se miran y reflejan de tal forma que el lector, a poco de sumergirse en sus páginas, se involucra en su trama como si hubiese ingresado a un callejón de espejos, pues no sabe si lo que está leyendo es el relato de una pesadilla con visos de realidad o, al contrario, la realidad con visos de pesadilla.

Máximo Viaspuentes es el protagonista de esta novela, un ingeniero de origen humilde y “atormentado carácter”, un obcecado fanático que asciende gracias a su tenacidad. Elegido presidente del país cambia las leyes, controla todos los poderes de la república, se erige en dictador, impone su proyecto, la “revolución lúdica”. Su gran meta: redimir al pueblo de la “tristura”, peregrina idea que consiste en devolver al ciudadano la alegría que, en el pasado, le arrebató la vieja camarilla política. El remedio está, según él, en la risa, en el jajajá colectivo, en la ludoterapia. Desde entonces “la alegría ya es de todos”. A divertirse pues, a olvidar las penas en los inmensos parques recreacionales (“Anaconda Park”) que el dictador ordena construir a gran costo y endeudamiento externo.

“Anaconda Park” es una novela distópica, describe una sociedad indeseable en la que se tergiversan los valores de convivencia tales como la libertad, la justicia, el rol protector del Estado. En vez de esto, impera un régimen policial, se instaura un dogma, se controla el pensamiento, se instituye una estructura represiva que ahoga las iniciativas privadas. Como todo relato distópico, esta novela de Jaime Marchán es una gran metáfora. El lector redescubre el sentido profundo de