Jorge Ribadeneira

Van ocho años de correísmo

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El postulante Rafael Correa perdió en la primera vuelta frente a Alvarito -Noboa- y en la segunda se ganó el derecho a gobernar por cuatro años. En estos días se cumplen ocho años de correísmo y el personaje aparece como posible candidato para el 2017, aunque por ahora la Constitución lo prohíbe. Para superar ese problema se tramitan las enmiendas. Hasta hoy, Correa ha superado todos los obstáculos, apoyado por su “campaña total”, la dimensión de su maquinaria, la captación de los poderes, su entrega a la causa y otras ventajas.

En ocho años todo puede suceder. En el caso de Correa hubo un reconocido aporte personal pero no le faltó la buena suerte, representada por la elevación del precio del “oro negro” hasta los 100 dólares y pico. Un trabajo presidencial intensivo y los altos ingresos han sido las características de estos ocho años y no hay duda de que rindieron sus frutos. Más aún cuando el Presidente utilizó los millones actuando más como político que como economista, impulsando el gasto público y realizando obras que -con varios apoyos, entre ellos una propaganda cada vez más eficiente- dieron paso a una decena de festejadas victorias en las urnas y apenas a un revés -con sabor a derrota en las tres provincias más importantes- en febrero del 2014.

El calendario correísta fue trazado en la Asamblea de Montecristi y se quedó corto en materia de reelecciones. Incluyó concurrencias a las urnas hasta el 2014 y luego una dulce pausa electoral hasta el 2017. A estas alturas, el Jefe quiere que funcione la tregua pero advierte que no descarta un cuarto periodo, contando con el aporte siempre fiel de más de un centenar de asambleístas. Los adversarios sueñan en una consulta popular para modificar la Constitución. El correísmo no quiere saber hoy nada de las urnas y -con esa mira- una vez más está dispuesto a usar todos sus recursos. Los buenos, los malos y hasta los feos.

Si Correa se decide a buscar otra reelección y triunfa pese a las dificultades -como es posible que suceda- sería un caso sin precedentes. Ningún Presidente se instaló en Carondelet ocho años seguidos. Velasco Ibarra gobernó apenas algo más de 12 años en cinco periodos. Pero se da la circunstancia de que el mismo Jefe Rafael advierte que este 2015 es un “año difícil” y no se sabe con certeza hasta cuándo se prolongará esta etapa de vacas flacas, originada por la baja de los precios del petróleo. Por lo pronto están funcionando ya las medidas para afrontar el déficit, incluyendo los famosos préstamos chinos con su pago en barriles de oro negro.

Se espera que, como contraparte, funcionen las obras hidráulicas. Políticamente hay partidarios dispuestos a brindar su apoyo para cualquier decisión aliancista, pero también hay sectores que cada vez expresan más inquietud por la prolongación de la era correísta y, sobre todo, por la perspectiva de una reelección indefinida, impropia para el Ecuador.

Un Gobierno de ocho años, con un gobernante infatigable y duro, presenta múltiples facetas para el análisis de los partidarios y de los opositores. El futuro, igualmente, interesa seriamente a los ecuatorianos.