Alfredo Negrete

¿Qué le falta a Lourdes?

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Físicamente nada. Es carismática, inteligente y valiente. Políticamente fuerte en su provincia, pero no supera otras fronteras electorales, a pesar de su conocida y aceptada imagen nacional. En estas circunstancias no incide ni compromete su identificación con ninguna de las tres corrientes electorales que se han perfilado mayoritariamente. El gobierno que jugara los dados hasta el último, el líder de Creo y el del Social Cristianismo y Madera de Guerrero, con un candidato que no es candidato todavía.

En este confuso panorama, es obvia la pregunta, que le falta a Lourdes Tibán para ser un personaje como lo fue Keiko Fujimori que perdió la presidencia del Perú por solo 40 000 votos. Por respeto, se omite la comparación con la expresidenta argentina o el Jefe de Estado brasileño a punto de ser defenestrada.

En primer lugar, por ser políticamente indígena no es un rasgo de exclusión; todo lo contrario, despierta expectativas; sin embargo, está anclada con una o dos movimientos fragmentados, exclusivistas y hasta extremistas, los que a pesar de cultura ancestral no logran diferenciar la parte del todo. Ese es el principal motivo por el cual, la dirigencia más importante de América Latina, - la ecuatoriana- ha sido pulverizado por el populismo revolucionario y los izquierdistas que aún no superan el síndrome del fin de la guerra fría.

Estos últimos son como los líderes de la Costa que lo saben todo y que no necesitan nada. En ese contexto, la líder política de Cotopaxi no necesita de mayores recursos. Ella dispone de su propio márquetin, planifica la estrategia y ejecuta las tácticas, pero en circuitos cerrados. Lourdes Tibán es la dirigente más importante del Ecuador, pero ella lo desconoce, pues su liderazgo visual termina en la provincia de Cotopaxi y es afectado por las tontas divisiones que tienen sumida a los cuadros indígenas desde aquella movilización de 1992.

En medio de esta confusión ella tiene la oportunidad histórica de aportar a un cambio de modelo político y evitar el barranco al que parece estar el país condenado junto a otras preclaras naciones de Alba. Ella, públicamente debe aprovechar su momento y proponer un pacto político -concertración es mucho pedir a la sociedad política del Ecuador- que se pueden resumir en pocos, pero concretos puntos. Definir la salida constitucional -no dictadura- al día siguiente del nuevo gobierno, en el caso de que sea diferente al actual; proponer las vías para derrumbar los pilares del régimen actual como son la Corte Constitucional y el Consejo de Participación Ciudadana y diagramar la forma para la sustitución de los titulares de los organismos de control. Si algun partido o líder, no firma ese pacto antes de la primera vuelta, hay que recordar la parábola expresada hace mucho tiempo acerca de los “sepulcros blanqueados”.