Juan E. Guarderas

Armas: Libertarios vs Izquierda

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La libertad es uno de los bienes más preciados – sino el más – del hombre; de acuerdo. Por naturaleza, absolutamente toda norma constriñe este bien; de acuerdo. Hasta por aquí llegan las similitudes entre la ideología libertaria y la izquierda.

Para los libertarios cada norma lesiona este importante bien. Al hacerlo penaliza nuestra posibilidad de explotar nuestras capacidades y bienestar. Señala que es imposible impedir todos los aleas de la vida; es irreal pensar que podremos evitar todos los asesinatos, los males y errores. Conclusión: por causa de intentar impedir lo inevitable, al poner normas se penaliza la prosperidad de la sociedad en su conjunto.

La izquierda moderada entiende los argumentos libertarios. Pero añade que la libertad no es el único bien existente, y está dispuesta a sufrir algunos sacrificios de este bien en aras de otros. Por ejemplo, podemos sacrificar un poco de libertad de educarnos como nos dé la gana, a cambio de un sistema de leyes que garanticen un mínimo digno de educación para todos. Es importante la libertad, pero también es importante que los pobres tengan acceso a un mínimo digno de salud. Y sobre todo, la izquierda democrática acepta que no se pueda evitar todos los males de la sociedad ni bloquear todo el sufrimiento; pero señala que la conciencia colectiva no puede quedarse inactiva, no puede no actuar y ver sufrir. Tiene que movilizarse para reducir – aunque sea un poco – el tropel de dolencias y miserias que acechan nuestra existencia.

Yo comulgo con esta última posición, y soy de izquierda moderada. Hace unos años un libertario me hablaba sobre armas y la libertad del individuo. “Si impides que hayan armas, no cambiarás la naturaleza humana ni impedirás que hayan personalidades violentas.” Pues exactamente lo mismo se podría predicar de las bebidas y el automovilismo. Pero, ¿estarían de acuerdo con una sociedad que no penalice a quien conduzca embriagado? ¿Deberíamos también aceptar las muertes del resto de conductores sobrios como un alea de la vida, que debe aguantarse en aras de la libertad de los irresponsables? ¿No es un auto conducido por un borracho una especie de arma en malas manos?

En EE.UU. hay una especie de tradición de reavivar el debate sobre el control de armas tras cada masacre. Parte de ese mismo folklore es también el desechar todas las propuestas y el disparo en las ventas de armas por causa de quienes temen que estas se prohíban.

En pocos países hay tanta presencia de los argumentos libertarios como en EE.UU. y esos son en parte culpables del anquilosamiento de esa legislación. Pero parece que la masacre de Orlando ha sido la gota que derramó el vaso, y la izquierda pide regulación con ánimos renovados. Ojalá no desmayen en sus esfuerzos.