Enrique Ossorio

Decir y hacer

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“Ecuador y Latinoamérica deben buscar una nueva concepción de desarrollo, que no refleje únicamente percepciones, experiencias e intereses de grupos y países dominantes; que no someta sociedades, vidas y personas a la entelequia del mercado; donde el Estado, la planificación y la acción colectiva recuperen su papel esencial para el progreso”, dijo Rafael Correa en su primer discurso como presidente en enero de 2007.

No es casual el tono de su mensaje en relación a la necesidad de recuperar un rol activo de la ciudadanía como eslabón fundamental en el camino del desarrollo. En una entrevista que el primer mandatario concedió a distintos medios internacionales, el presidente aportó definiciones de su visión económica y política sobre Ecuador y la región. Ante la pregunta sobre qué hecho de su gestión le despierta más orgullo, Correa respondió que el mismo no era material, sino que valora el cambio de actitud que vio durante su mandato. Los ecuatorianos estaban desmoralizados, inmovilizados, y el proceso de la Revolución Ciudadana operó en favor de la recuperación de la autoestima, expresó el Presidente, resaltando que en la actualidad la actitud de la población es diferente. Para ello, es necesario seguir por el camino de la Revolución.

Visto en perspectiva resultará difícil, hasta para el más crítico y pesimista representante de las fuerzas políticas opositoras, desconocer que el proyecto de país que ha impulsado la Revolución Ciudadana durante los últimos nueve años supo llevar a la práctica el mensaje de recuperar la patria y devolvérsela a los ecuatorianos (lo que Correa había prometido en la campaña).

Conceptos como política económica transformadora, rol del Estado activo, participación ciudadana, ampliación de derechos, entre otros, ya no son consignas vacías en Ecuador, sino más bien han adquirido una impronta relevante, materializada en acciones concretas, en la construcción de la identidad local como pueblo y como Nación.

A casi 10 años de aquel inicio de gobierno de 2007, y más allá de cualquier especulación partidaria y electoral, Ecuador está de pie, superando día a día los obstáculos y con buenas expectativas para el futuro. Y aquí radica uno de los pasajes centrales de la entrevista. Correa finalizó la entrevista con un “Que nos roben todo menos la esperanza”. Puede que ahí se encuentre el secreto de la Revolución Ciudadana, haber entendido (y revertido) que detrás de todo proyecto político que se conciba transformador, viene una arremetida de desesperanza y desánimo.

El Presidente de Ecuador otorgó esa entrevista a tres periodistas de distintas latitudes. Una hora y media en donde el mandatario trató muchos temas: su batalla contra los paraísos fiscales, su intención de transparentar la gestión pública, remarcando con insistencia que para ser funcionario público es necesario creer en la propia patria.

Columnista invitado