José Ayala Lasso

Despertar el orgullo quiteño

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Olvidémonos, por el momento, del significado político que tuvo la elección de Mauricio Rodas como alcalde de Quito. Dejemos de lado los tremendos retos que afronta -la construcción del Metro, el tránsito urbano, la seguridad ciudadana- de crucial urgencia e importancia. Concentrémonos en un programa que debe ser la base y el objetivo permanente de toda administración municipal: despertar en los habitantes de Quito un sentimiento de pertenencia y amor por la ciudad y, como saludable corolario, un orgullo que les lleve a sentir como propios los problemas de la comunidad y asumir gustosos la responsabilidad de contribuir a resolverlos.

Todos recordamos la historia de algunas ciudades ecuatorianas que, mal administradas, tenían características deprimentes de caos y desaseo. Buscar su transformación mediante la obra pública no hubiera sido ni financieramente factible ni suficiente: era indispensable que renaciera en sus habitantes una actitud de apropiación de lo comunitario para tratarlo con el cuidado y el aprecio que se destinan generalmente a lo propio.

Despertar el sano orgullo por la quiteñidad debe ser, para todo alcalde, uno de sus programas más importantes. Así como Guayaquil, nos dan buen ejemplo Cuenca, Ambato o Machala. El impactante progreso de nuestro primer puerto debe mucho a la obra pública de sus dos últimos alcaldes, quienes tuvieron también la visión acertada de promover el espíritu de “madera de guerrero”. Lograron que cada ciudadano se comprometiera con la urbe y asumiera su responsabilidad para cuidarla, embellecerla y hacerla progresar. No decimos que sea ahora una utopía municipal convertida en realidad, pero sí observamos que existe en cada guayaquileño la voluntad de participar en la construcción del progreso colectivo, lo que despierta un legítimo orgullo regional que explica, en gran medida, la nueva cara de esa hermosa urbe costeña. Guayaquil es ahora un destino turístico envidiable.

Hay que rescatar en los quiteños el orgullo citadino. No faltan buenas razones para hacerlo: Quito, Luz de América, precursora en lanzarse a la conquista de la libertad; Quito, primera ciudad proclamada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad; Quito, crisol de razas y culturas, emporio de arte y de artesanías; Quito, de inigualable belleza topográfica, capital de la república.

Que su Alcalde, siguiendo una honorable tradición de dignidad y altivez, defienda con determinación y eficacia los derechos de la ciudad. Pero que, sobre todo, despierte en el alma de los quiteños la voluntad de hacer de Quito una ciudad afable, para vivir bien, y lista para defender siempre, sin claudicaciones, los derechos y libertades del Ecuador entero cuando así lo exijan las circunstancias. ¡Todo buen quiteño, independientemente de su credo político, le apoyará!