Marco Arauz

¿Una bonanza desperdiciada?

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marauz@elcomercio.com

Cualquier gobernante experimentado sabe que, así como la discusión sobre las libertades no es un tema de gran interés popular, tampoco lo es el asunto de cómo se autodefinan ideológicamente quienes están en el poder. Por eso resultan un poco estériles los esfuerzos que hacen el presidente Rafael Correa y el movimiento AP para demostrar que son la mejor y auténtica izquierda.

Un Estado no solo regulador sino protagonista de la economía, con un alto sentido de la ley y el orden, un personalismo atado a una gran concentración de poder y una participación ciudadana cooptada, no tienen mucho en común con lo que defienden, al menos públicamente, los teóricos izquierdistas. Estamos más bien frente a nuevas formas de populismo que, vale decirlo, gozan de buena reputación en estos tiempos en que los ciudadanos prefieren defender sus derechos en las redes sociales y se sienten parte de comunidades que van más allá de sus países.
Pero volvamos al principio. Al final del día, lo que importa para las mayorías son los resultados económicos y el nivel de bienestar. Nadie medianamente informado ignora que, a excepción del paréntesis de la crisis global del 2008 y el 2009, varios países de América Latina y el Caribe vivieron en los últimos años una disminución de la pobreza y el consiguiente crecimiento de la clase media. Mayor educación y mayor participación de las mujeres, entre otros factores, han significado más -aunque no suficiente- movilidad social, un fenómeno observable desde 1995.

Al margen del signo político de los gobiernos, y con mayor o menor éxito en cada país, han sido años de mejores perspectivas, al punto de que se habla de la década ganada frente a la década perdida de los noventa. Pero hay quienes creen que también estamos hoy frente a una oportunidad desperdiciada porque las ventajas cuantitativas y cualitativas que tuvimos en un largo período no se convirtieron en ventajas comparativas en el largo plazo.

¿Qué ha pasado con países alineados con la tendencia política neopopulista? En un extremo está Venezuela y en el otro Bolivia. La catástrofe socioeconómica causada por el chavecismo y su sucesor no tiene parangón, mientras que Evo Morales ha hecho silenciosamente la tarea. En Argentina, su Presidenta ha optado por cubrir sus errores declarándose víctima de un complot, y el Brasil de Dilma Rouseff enfrenta una recesión superable.

El Gobierno de Ecuador ha desarrollado de manera importante la infraestructura y ha sostenido la inversión social, pero no ha logrado salir de un abultado gasto fiscal que lo empuja a buscar con urgencia nuevas fuentes de financiamiento, y tampoco ha podido sacar al país de una economía primaria. La pregunta no es, entonces, si se es izquierdista ‘infantil’, izquierdista verdadero o derechista, sino si se ha sido buen o mal administrador de la bonanza.