Walter Spurrier

Inversión en infraestructura

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Continúo en Australia, estimados lectores. Hoy doy en Melbourne una charla sobre Ecuador en el contexto de un Foro de Infraestructura en América Latina. Escribo al respecto; supongo que el grueso de mis vecinos de página trata temas candentes vinculados a la transmisión de mando.

Como en el caso de la conferencia minera, empezaré indicando que estamos en vísperas de un cambio de gobierno, pero que no habría un giro drástico en cuanto a la inversión en infraestructura. Hay un pasado, un presente y un futuro. El pasado es la década de gran inversión pública, centrada en energía: las hidroeléctricas, la repotenciación de la refinería de Esmeraldas y la terminal de gas en Monteverde. Luego en transporte, con carreteras, el nuevo aeropuerto de Quito, la nueva terminal aérea de Guayaquil y los numerosos nuevos aeropuertos sin suficiente tráfico: Tena, Latacunga, Salinas, Santa Rosa.

El presente son sobre todo los puertos marítimos, las concesiones de Posorja, Puerto Bolívar y Manta, además del Metro de Quito.

Esta revisión del pasado y el presente sirven para poner en contexto la política de invertir en infraestructura, y así interesar a potenciales constructores para las nuevas obras. Estas se centran en el Plan de Movilidad, que prevé inversiones por USD9 mil millones en 2017-20. El énfasis en el futuro inmediato es en supercarreteras de las que no hay en el país.
Se explica que hoy el gobierno no tiene recursos, y que los interesados deben proveer financiamiento. Muy posiblemente, el camino serán las alianzas público-privadas.

Hay un tema escabroso que el programa del evento requiere se toque: la corrupción. Resulta que hay tres escándalos vinculados a las obras de infraestructura: el que surge de los Panama Papers, con base en el cual se ha condenado a dos exgerentes de Petroecuador; el de Odebrecht, de trascendencia mundial, y que salpica a autoridades en varios países de América y África. Y uno de menor perfil, pero que involucra a una firma australiana.

Cardno, la australiana, compró Caminosca, empresa ecuatoriana contratista del Estado, y descubrió que ésta conseguía contratos mediante el pago de sobornos. La firma que investigó el caso llegó hasta a determinar quienes recibieron las coimas. Cardno entabló un arbitraje contra los expropietarios de Caminosca, que continuaban como administradores, para así limpiar su nombre.

Ante eso, lo que cabe como defensa es decir que “escoba nueva…”. El presidente entrante se ha comprometido a investigar la corrupción, caiga quien caiga. Además que luego de tan sonados casos, los corruptos en la administración pública deberán cuidarse. Que justo por tanto escándalo reciente, se abre la oportunidad que en el futuro próximo inmediato Ecuador tenga procesos transparentes de contratación pública.